Actualmente, con la incorporación de los niños/as a la escuela infantil, se ha propiciado un acercamiento entre estos a una edad mucho más temprana que hace unos años, cuando los niños empezaban su contacto hacia los 4 años.
Al comienzo de su incorporación a la escuela, los niños/as no tienen contacto unos con otros y su interés está centrado en la relación con su maestra que hace la función de madre. Los contactos entre ellos son mínimos y es la maestra la que los reúne a su alrededor y se esfuerza para que vayan aproximándose.
Pero lo que realmente les hace consciente de la existencia del otro son los conflictos que se originan entre ellos y son estos los que le van sacar de su aislamiento y le conducirán al acercamiento entre ellos. Al principio, trata al compañero como un mero objeto que puede manejar a su antojo pero, ante las protestas de éste y las colisiones entre las actividades de los diferentes niños, fuerzan a tener conciencia de la personalidad de los demás, a contar con sus intereses, sus deseos, su voluntad.
Los conflictos abren camino al acercamiento y van ayudando al niño a aprender a compartir, primero el cariño y la atención de la educadora, para pasar a compartir, con muchos conflictos, los objetos y el espacio.
Para los padres es difícil entender el proceder de los niños y culpan a la maestra de atender poco a los niños cuando pegan o muerden a su hijo; no entienden que en este acercamiento, lo que importa es la relación que se establece entre los niños a través de la posesión de los objetos. Por eso se entiende que un niño desee el objeto que tiene otro niño y lo persigue hasta apoderárselo y, en cuanto lo obtiene, lo abandona para ir en busca de otros objetos tenidos por otros niños.
Los niños aprenden enseguida el efecto que produce un tirón de pelos o un mordisco pues el agredido suelta inmediatamente el objeto o se pone a gritar desconsoladamente. Es como cuando oprimen un botón de un juego, que se enciende automáticamente. Es comprobar causa-efecto y el niño no comprende que el otro niño no es un objeto sino que es una persona a la que le ha hecho daño.
A esto hay que añadir que están atravesando por una etapa evolutiva a nivel emocional muy conflictiva, están construyendo su propia identidad, a reafirmarse y las palabras preferidas son el “mío”, el “yo” y el “no”, es la autoafirmación a través del negativismo y los adultos les exigimos un comportamiento social donde no existan los conflictos ni las agresiones.
Durante los primeros años el amor de los padres es tan necesario que el reparto es intolerable, es la ley del todo o nada y esto explica que la presencia de otro niño sea sentida como una amenaza. De ahí los sentimientos agresivos (celos) hacia los hermanos menores que todo niño sufre y al que hay que ayudar para que los vaya canalizando de manera positiva.
Poco a poco descubrirán el placer de estar o hacer algo juntos y la hostilidad se convertirá en simpatía por el otro.
En estos primeros acercamientos es primordial la intervención de la educadora, padres y adultos que sean responsables de su educación, para que vaya modulando su conducta a un comportamiento más social.
Cuando ya es capaz de comprender que el otro no es un objeto y que tiene sentimientos, deseos e intenciones, es el momento de enseñar el VALOR DE SABER DISCULPARSE. Es enseñarle a ser responsable de sus acciones y que puede corregirlas y pedir perdón cuando ha dañado al compañero.
Pedir perdón es tener en cuenta los sentimientos de los demás e intentar aliviar su pena. Ya hemos dicho en muchas ocasiones que hasta la edad de 7 años no pueden sentir empatía por el otro (ponerse en el lugar del otro), pero sí se pueden dar cuenta que su acción no ha sido correcta y que ha agredido al otro. Es ser consciente de su error y que existe la posibilidad de la reparación.
Este es un sentimiento que el niño tiene que aprender y no vale el decir ”perdón” porque me lo indican los adultos y seguir actuando de la misma manera. Es un sentimiento de arrepentimiento que el niño debe sentir en su interior. La intervención del adulto es fundamental para que el niño pueda corregir su comportamiento indebido. Se le hace ver lo que no es correcto sin hacer un juicio de valor a su persona, se detiene la actividad y, a continuación, se procede a una acción reparadora (se devuelve el juguete arrebatado, se hace una caricia al niño al que le has hecho daño, se le presta un juguete propio…) No hace falta decir la palabra “perdón”, basta con el gesto de arrepentimiento. Y esto se repite tantas veces como surja un conflicto.
El objetivo primordial en la escuela infantil es SABER COMPARTIR pues es la manera en que los niños se socializan, es decir, aprenden a convivir con el otro, a integrarse en el grupo social del que forman parte y esto solo lo pueden aprender en la relación con sus iguales, primero a través de la rivalidad para llegar a una auténtica cooperación y amistad. La relación con el grupo les enseña a medir sus propias fuerzas, sus cualidades personales, a tener una imagen propia más real pues la respuesta de los demás le hacen ver su forma de ser y relacionarse, a poner en práctica los valores que los padres y educadores le transmiten.
Hay muchos niños que les cuesta reconocer un error, que tienen una autoestima muy alta propiciada por unos padres que le han hecho creerse superior a los demás, (es el rey de la casa) o porque no admiten los errores porque sus padres les han puesto el listón muy alto y temen defraudarlos. Hay padres que no permiten un fallo a su hijo y exigen un comportamiento correcto en todas las facetas. A este niño le crean muchos sentimientos de culpa pues él tiene sentimientos agresivos, de ira, de enfado que no puede expresar de ninguna manera. Lo que hay que hacer es hacerle ver que se pueden tener sentimientos negativos pero que hay otras maneras de canalizarlos sin tener que usar la agresión física.
Muchas veces el niño cree que tener sentimientos de enfado es lo que está mal hecho no su proceder (dar patadas, romper un juguete, insultar) Hay que aclararles que lo que hay que corregir es su descarga no el sentimiento. Se puede enfadar pero hay que enseñarle que tiene que dominar sus impulsos, utilizando otras vías para expresar el sentimiento.
Tenemos que enseñarle a aceptar las equivocaciones, está aprendiendo a comportarse, no es un adulto desobediente, es un niño que todo lo tiene que aprender a base de cometer errores. Muchas veces les cuesta asumir que se equivocan por las consecuencias que esto acarrea (castigo, reprimenda) y otras porque les da vergüenza reconocerlo. Esta situación es muy perjudicial para sí mismo pues le produce un sentimiento de culpa que le hará sufrir y sentir rencor y resentimiento cuando se podría haber resuelto fácilmente habiendo pedido disculpas a tiempo. Es importante saber que es necesario el propio perdón para sentirse bien consigo mismo.
Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja