¿Por qué Son Tan Impacientes los Niños?

Por admin, 15 Abril, 2012, Sin comentarios

Los niños viven el presente, apenas se acuerdan del pasado y no pueden entender el futuro.
El concepto temporal es muy abstracto y muy difícil de interiorizar. En estas edades de 0 a 3 años la noción temporal es muy rudimentaria, solo entienden el presente.

En la escuela infantil recurrimos a varios recursos para ayudar al niño a orientarse en el tiempo:

1.- A través de las rutinas que se cumplen puntualmente, vamos ayudando al niño a poder anticipar lo que va a venir después y esto le da una gran seguridad.

En periodo de adaptación, ante la separación de sus padres, el niño siente una gran angustia pues no sabe que “después” sus padres volverán a recogerle. Él se siente abandonado y el tiempo que pasa en el centro se le hace eterno porque su propia angustia le impide integrarse en la actividad ofrecida por las educadoras. Él solo está pendiente de cuando regresará su mamá.

Poco a poco, al cabo de los días, él se da cuenta que su mamá siempre vuelve, que no le abandona y, al mismo tiempo, se va estableciendo un vínculo afectivo con su maestra que está a su lado para recibir su cariño y apoyo.

A través de las rutinas, sabe que después de la actividad, hacemos el control de esfínteres, después el rato en el jardín, después el lavado de manos, la comida… así va orientándose a lo largo del día y, al finalizar la jornada, con la narración de un cuento, los niños esperan tranquilos su recogida pues saben que es hora de ver a sus padres.

2.- Otro recurso utilizado en la escuela con niños a partir de los dos años, es la utilizacion del calendario. Por la mañana, en la asamblea, se ve en qué día estamos, cuántos faltan para los días rojos que son el sábado y domingo, días en que estamos en casa o cuándo toca, psicomotricidad, música, inglés, biblioteca… Todo lo tenemos muy reglado, organizado para ordenar el tiempo del niño.

Cuando vamos a realizar una excursión, lo señalamos en el calendario y vamos viendo los días que faltan para llegar a tan esperado día. Del mismo modo, recordamos todos los días qué hicimos ayer (la actividad estrella del día) que hemos hecho esta mañana antes de comer y que vamos a hacer después de la siesta… estos ejercicios son esenciales para ayudar al niño a orientarse temporalmente.

Cuando hemos ido al zoo, hemos presenciado un guiñol o tenido la visita de alguna persona importante, “recordamos” cómo ha sido para ir desarrollando la memoria y capacidad retentiva.

3.- Dramatizar un día entero desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, dramatizar la historia de un cuento, compartir el juego simbólico con un desarrollo de actividades secuenciadas en las que hay un principio, centro y desenlace para que vayan aprendiendo a jugar con una consecución temporal.

4.-Igualmente trabajamos mucho el paso del tiempo experimentando con la vida de los seres vivos. Por ejemplo: Plantamos una lentejita o piñon, lo cuidamos y, al poco tiempo, vemos como empieza a salir la plantita. Tenemos capullos de seda, damos de comer a los gusanos, vemos como van engordando y al final se hacen capullos para más tarde, convertirse en mariposas. Ponemos unos hielos al sol para ver como se derriten y, al poco tiempo, se convierten en agua… etc.

Todas estas actividades van demostrando al niño el paso del tiempo y así van adquiriendo las nociones temporales. Van enseñando al niño el VALOR DE LA PACIENCIA. El niño no es impaciente, es que no entiende la espera. El niño, hasta los 3 años, en que se va tolerando la frustración, la espera, el niño es un ser egocéntrico, omnipotente, todo lo quiere ”ya”, no puede esperar y, si no consigue lo que desea, se enrabieta y monta una pataleta. A los dos años, está en plena etapa de la autoafirmación y se pasa todo el día reivindicando con actitud decidida, su derecho a la independencia.

Aunque sepamos y comprendamos el momento evolutivo en el que se encuentra, no queremos decir que consintamos. A este niño hay que educarle, por muy costoso que nos suponga. La educación es un esfuerzo que muchos padres no están dispuestos a ofrecer porque es más fácil consentir. La paciencia es un valor que se consigue muy a largo plazo y hay que trabajarla sin llegar a agotar al niño. Para tener paciencia hay que ser capaz de pensar el futuro, de entender el significado de “ahora no, luego sí”. Como ya hemos dicho antes, esto es muy difícil de exigir a un niño de corta edad.

La escuela infantil es un lugar donde el niño, en compañía de sus compañeros, va aprendiendo que no es el único al que hay que atender, que tiene que esperar su turno para ser atendido, que tiene que escuchar lo que está contando un compañero, que hay unos horarios que hay que respetar para poderse ir al jardín a jugar con la moto, que “después” le tocará a él recibir los mimos que está recibiendo su compañero…aprenderá a compartir el espacio, los objetos y el afecto de las educadoras, aprenderá a SOCIALIZARSE. Todo esto requiere TIEMPO y hay que respetar su ritmo para que lo vaya integrando en su comportamiento.
Cuando deseamos vivamente un acontecimiento, el tiempo pasa muy despacio hasta que llega ese momento, en cambio, cuando nos estamos divirtiendo mucho, no queremos que se termine. Si esto nos pasa a los adultos… ¿cómo lo vivirán los niños?

Por eso, cuesta entender que el niño abandone el juego para irse al baño montando una pataleta y, después, no quiera salir de la bañera cuando es la hora de cenar… él vive el presente y no “piensa” en lo que viene después por mucho que le guste. En estos casos es muy conveniente, irle enseñando el paso del tiempo con un gran reloj y pegatinas para ir marcando los tiempos para cada actividad. Para fomentar la paciencia, debemos compartir con ellos juegos que requieran esfuerzo en su terminación como son las construcciones, los puzles, colorear una figura, plastilina y, en general, trabajos manuales que requieran paciencia para su terminación. Cuando los termine, valorar su esfuerzo, su paciencia para llegar a su consecución y manifestar la satisfacción que se obtiene en ello. Que se sienta orgulloso por el logro y animarle para que prosiga en este tipo de actividades.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

Mi Niño Dice Palabrotas

Por admin, 14 Abril, 2012, Sin comentarios

Hacia los tres años, el niño tiene un manejo del lenguaje amplio y le encanta utilizarlo para expresar sus pensamientos, sentimientos, experiencias.

Los niños a esta edad no paran de hablar durante todo el día y se muestran orgullosos de su logro. Anteriormente, solo se podían expresar con frases de dos-tres palabras y su pronunciación era muy incorrecta, tanto que, en muchas ocasiones, solo los adultos con los que tenían un contacto muy cercano, eran capaces de entender lo que querían decir.

La adquisición del lenguaje es un gran logro y, gracias a él, una nueva etapa le brindará grandes satisfacciones tanto a nivel intelectual (ampliando sus conocimientos y estructuración del pensamiento), como a nivel social al poder interactuar con sus iguales y adultos.

El lenguaje le servirá tanto para comunicarse con sus compañeros y adultos con los que tiene una relación como arma arrojadiza para expresar sus sentimientos negativos.

Un niño de esta edad no puede racionalizar sus sentimientos que oscilan entre el amor-odio en décimas de segundos. Por eso, cada vez que a un niño le decimos un “NO” ante un deseo, surge en él un sentimiento de ira, de rebelión que expresa con el lenguaje con frases como: ”ya no te quiero”, “eres mala”, “te voy a matar”… y lindezas como estas. La actitud de los padres y adultos debe ser, como siempre decimos, de indiferencia por mucho que lo sintamos. Todavía no sabe el significado de estas palabras y el daño que pueden causar.

Por mucho que el niño se enrabiete ante nuestra negativa a un deseo, por mucho que se descontrole dando patadas y llorando desconsoladamente, por mucho que nos insulte… nuestra actitud debe ser mesurada, impasible y paciente hasta que él recobre la tranquilidad que se requiere. En ese momento, se puede comentar con él, las razones por las que se ha puesto así y se le puede explicar que ese es un procedimiento inútil para conseguir lo que desea. En pleno berrinche no escucha los razonamientos, no puede parar porque su descontrol motriz va por delante de su pensamiento. Él sabe que así no va a conseguir nada, pero no puede parar.

Frecuentemente los padres acuden a la escuela infantil horrorizados y acusando al centro de ser los culpables del aprendizaje de estas exageradas reacciones, acompañadas de un vocabulario muy poco apropiado de estas edades y, aunque nosotros tratamos de explicarles las razones de este anómalo comportamiento (que, por otro lado, es “normal” pues es algo evolutivo que la mayoría de los niños tienen) no escuchan y piensan que es un aprendizaje que debemos corregir en el centro.

Es el momento en que surgen LAS PRIMERAS PALABROTAS que los adultos escuchamos con preocupación. Estas palabrotas las aprenden por imitación. Los niños las han escuchado de los padres, familiares, compañeros de juego, dibujos animados o programas de televisión. Aunque creamos que no están atentos a lo que escuchan por televisión o conversaciones entre los adultos pues los vemos entretenidos jugando en otro sitio, ellos siempre tienen las antenas puestas y son esponjas que todo lo captan. Nadie está libre de haber soltado una “palabrota” cuando nos vemos ante un imprevisto, disgusto o discusión, aunque sea de poca importancia.

Por ejemplo, cuando estamos inmersos en el trafico agresivo en el que solemos conducir nuestro coche. ¿Quién no ha dicho una palabrota ante una conducción temeraria? Pensamos que los niños no están atentos a nuestras reacciones y estamos muy equivocados.

Los niños-jóvenes, para sentirse muy mayores, utilizan un lenguaje con un número muy reducido de vocabulario, adornado con un sinfín de palabrotas y esto también lo escuchan nuestros pequeños.

A esta edad y hasta los seis, siete años, los niños no conocen el significado de estas palabrotas, por muy fuertes que resulten a los adultos. Los niños sí ven la reacción que tienen en el adulto y que esto provoca una atención que es lo que quieren obtener. En estas edades, utilizan todos los recursos inimaginables para llamar la atención y, si ven que las palabrotas la obtienen, las utilizarán frecuentemente.

La actitud de los padres por mucho que cueste mantenerla debe ser de impasibilidad y explicarles, con calma, que esas palabrotas no se dicen porque no son bonitas y pueden ofender y son de mal gusto.

Cuanto más constatan que estas palabras alteran a los padres, más las usarán. Saben que no falla, llaman la atención y provocan reacciones en los adultos: se sorprenden, les castigan, les regañan o se ríen. Hay que enseñarles a que, el decir palabrotas, no es la forma adecuada de llamar la atención.

Hay padres que exigen a la escuela que el niño que dice palabrotas y que rápidamente los demás imitan, se le castigue y aleje de sus compañeros pero esta reacción consigue lo contrario de lo que queremos conseguir. Los niños las utilizarán para herir al adulto, para producir irascibilidad y enfado ante ellos cuando no consigue lo que quiere. Es una agresión verbal que produce consecuencias.

Los psicólogos aconsejan que hagamos oídos sordos ante las palabrotas, que hagamos como si no oyéramos y que en poco tiempo, el niño las dejará de utilizar pues no obtiene lo que quiere conseguir: Atención. Quitamos todo el valor que pueden tener pues ya no valen para llamar la atención. Hay que mostrarnos impasibles y esto es difícil de conseguir, sobre todo porque estamos rodeados de gente que no entenderá nuestra reacción. Se le recordará, con tranquilidad, que estas palabras no se pueden utilizar porque molestan a los demás y que no va a conseguir lo que quiere, utilizándolas. Cuando los niños ven que estas palabrotas no tienen el efecto que quiere conseguir, dejan de decirlas.

Hay muchos niños que hacia los tres años utilizan las palabras para agredir a su compañero: las palabras más usadas son: “tonto”, “no eres mi amigo”, “no te invito a mi cumpleaños”, pero esto no lo utilizan para herir, sino para conseguir lo que tiene el otro. Son recursos que va abandonando cuando se da cuenta que no tienen resultado.

No me canso de recordar que los adultos somos los ejemplos a seguir y que nuestras acciones y actitudes son lo que los niños van a imitar, cayendo en saco roto nuestras palabras si se contradicen con nuestra actuación. Debemos cuidar mucho nuestro vocabulario y expresiones si queremos que nuestros hijos tengan un lenguaje correcto y respetuoso hacia los demás.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

¿Tiene tu Hijo un Amigo Imaginario?

Por admin, 26 Febrero, 2012, Sin comentarios

Como hemos explicado en algunas ocasiones, alrededor de los 2 años, va apareciendo en el niño el pensamiento simbólico, es decir, la capacidad de representarse mentalmente la realidad que le rodea. Es lo que decimos coloquialmente: ”empieza a pensar”.

Cuando conoce los objetos manipulándolos, puede formarse una imagen mental del ellos y los puede nombrar. Es cuando surge el lenguaje. El lenguaje le sirve para comunicarse al comprobar que él es un ser separado de su madre, con una identidad propia, que debe ir formando en un largo proceso llamado individuación-separación.

Al principio de este advenimiento y hasta los 7 u 8 años, cuando surge el pensamiento lógico, la fantasía y realidad aparecen mezclados y no se sabe bien donde empieza una y donde termina la otra. No hay una clara diferenciación entre una y otra. Esta convivencia entre fantasía y realidad le permite dar respuestas a lo que sucede en su entorno, repuestas que no comprende pues su pensamiento racional todavía no está desarrollado.

Con su pensamiento mágico, él cree que los seres animados e inanimados poseen las mismas cualidades y atributos que los seres humanos: pueden hablar, encolerizarse o expresar sentimientos destructivos o de reparación. Es lo que se llama “animismo”.

Los niños necesitan de un espacio para dar alas a la imaginación y vivenciar sus fantasías. A través de la imaginación pueden entablar relaciones amistosas con un peluche, muñeco, mascota o ser irreal. Estos seres cobran vida por arte de magia y, a los 2 ó 3 años, aparece el AMIGO IMAGINARIO.

Este amigo lo acompaña continuamente, habla con él y lo integra en sus juegos. Muchas veces es un desdoblamiento de su personalidad y proyecta en él los sentimientos y temores que tiene el mismo. Es “el otro yo” al que, frecuentemente, le echa las culpas cuando infringe una norma: “Yo no he sido, ha sido fulanito”. Estos seres son fruto de su imaginación, le hacen compañía y le sirven de escape emocional, reduciendo a veces sus ansiedades. En estas edades hasta el periodo de latencia (6 ó 7años) el mundo interior está compuesto de sentimientos ambivalentes muy fuertes de amor-odio, difíciles de dominar. Tiene que hacer frente a temores que le atormentan y que le producen ansiedad y, poco a poco, tiene que poner orden en su mundo emocional hasta la llegada del equilibrio afectivo.

ACTITUD DE LOS PADRES

La actitud de los padres ante el amigo imaginario debe ser de RESPETO. No hay que preocuparse pues es algo normal en su desarrollo que poco a poco abandonará a la edad de 7 ó 8 años cuando el pensamiento lógico, le hace diferenciar perfectamente la fantasía de la realidad.

Los padres deben estar atentos a las conversaciones de su hijo con el amigo imaginario pues estas le darán mucha información de sus miedos, ansiedades y sentimientos, ya que el amigo imaginario le sirve para encauzar sus sentimientos y así podrán adivinar su mundo interior que en muchas ocasiones es difícil de conocer.

No deben fomentar esta relación amistosa ni seguirle el juego, como tampoco hacerle preguntas capciosas de su existencia, ni deben ridiculizarle o comentar fuera del círculo familiar, pues es algo reservado de su intimidad que hay que respetar.

El niño no entiende que nosotros, adultos, no lo veamos ni le escuchemos, pues para él existe realmente pero nosotros con nuestra respuesta, no debemos confundir la fantasía de la realidad.

Cuando el niño le echa las culpas a su amigo imaginario al infringir una norma, no debemos pasar por alto o regañar al amigo inexistente, sino que hay que hacerle comprender que sus actos tienen unas consecuencias que debe de asumir.

SITUACIONES DONDE PUEDE APARECER EL AMIGO IMAGINARIO:

Los psicólogos nos muestran que se suele dar en hijos únicos o hermanos con mucha diferencia de edad, que tienen la necesidad de compartir sus juegos con sus “iguales”. Hay que procurarle actividades donde participen niños de su edad. Otras veces surgen en niños que se sienten poco atendidos afectivamente por sus padres y necesitan a una persona que les supla esta carencia.

En otras ocasiones, hay situaciones conflictivas que el niño no puede afrontar y se refugia en la amistad de este amigo para poderlas asumir. También dicen que se da más en niños sensibles e imaginativos que tienen muy desarrollada la creatividad.

La imaginación es un aliado firme para que el niño pueda comprender las situaciones y relaciones que se establecen en el mundo adulto y es, a través del juego simbólico, como el niño va adaptándose a la vida de los adultos.

El pensamiento mágico le ayuda a enfrentarse a la vida y le da explicaciones a situaciones que a su edad resultan imposibles de entender.

CUANDO SE DEBEN PREOCUPAR LOS PADRES

Nos debemos preocupar cuando:
1º.- Esta relación le aísla de los demás, prefiriendo su compañía a los amigos reales.
2º.- Cuando varía el comportamiento adecuado de su edad.
3º.- Cuando ese ser imaginario domina y dirige su vida.
4º.- También si prevalece después de los 7 ó 8 años.

En estos casos es cuando hay que acudir a un especialista en psicología infantil pues nos están hablando de algo que no va bien en su mundo interior.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

Nuestros Hijos, ¿Cómo Van a Ser de Mayores?

Por admin, 26 Febrero, 2012, Sin comentarios

Todas las personas somos diferentes y estas diferencias de carácter, costumbres, relaciones afectivas, intereses y necesidades, vienen determinadas por la relación que hemos mantenido con nuestra madre en los primeros años de vida, así como por el ambiente familiar que nos ha rodeado.

Todos sabemos que la elección de nuestra pareja está muy influida por la relación mantenida con nuestros padres y que reproducimos fielmente en muchos casos. Pero no solo en este caso sino que también es extensible a las demás relaciones mantenidas con nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo, así como en nuestra escala de valores e intereses, la opinión de nosotros mismos y, en general, la forma de vivir y disfrutar de la vida.

Ya, desde el momento de ser concebido, si ha sido un niño deseado o no, la vinculación que la madre entabla con su hijo, las ilusiones y expectativas que se tienen sobre él…van a determinar la futura relación que se vaya a tener.

Una MADRE SEGURA Y SENSIBLE, que deje desarrollar la personalidad del bebé, estando siempre atenta a las necesidades del niño, respondiendo a sus demandas sin atosigarle, motivándole constantemente para conocer y experimentar el mundo exterior, estará construyendo los cimientos de una personalidad AFECTIVA, SEGURA Y ESTABLE.

Esta madre suele ser una persona que está satisfecha con su forma de ser y de su vida. Una persona insatisfecha, acomplejada o frustrada, transmite consciente o inconscientemente sus sentimientos internos hacia su hijo.

LOS HIJOS cuyas madres son seguras y afectivas, podrán desarrollar su seguridad de manera más optima. Sus relaciones posteriores, tanto las experiencias amorosas como las sociales, serán de amistad, confianza y sentimientos positivos, aceptando y respetando a los demás, pudiendo mantener una buena relación con todos. Serán adultos con una confianza en sí mismos, debido a una alta autoestima y valoración positiva de su persona, lograda por su experiencia infantil.

Hay otro tipo de madres que mantienen UNA RELACIÓN AMBIVALENTE DE AFECTO-RECHAZO hacia su hijo, debido a sus propias experiencias con su madre cuando ella era pequeña. Estas madres suelen atosigar mucho al hijo, sobreprotegiéndolo e impidiendo su descubrimiento del mundo y, en ocasiones, mostrando un rechazo hacia él de manera consciente. Muchas veces ocurre que las madres demasiado preocupadas del daño exterior que puede sufrir su hijo, es resultante de la culpabilidad que le produce el rechazo que siente hacia su hijo. Esto ocurre a nivel inconsciente y ella no se da cuenta de ello.

LOS HIJOS de estas madres suelen ser niños ansiosos, coléricos y que demandan mucha atención. Suelen ser niños con falta de límites en sus vidas y, en relaciones posteriores, son adultos dependientes y absorbentes, con altibajos en el estado anímico y propensos a los celos y a la exclusividad.

Estas personas se enamoran con frecuencia pero tienen dificultades en encontrar el amor duradero. Dada su inseguridad, dudan siempre de sus actos y de si mismos y les cuesta mantener una decisión duradera después de iniciar una relación afectiva. Son personas que tan pronto tienen una gran amistad con alguien como que, de repente, dejan de interesarse por ella al poco tiempo. Son personas que suelen necesitar satisfacer sus deseos, que una vez obtenidos, carecen de todo valor o significado.

Esta inseguridad se manifiesta en su propia valoración, piensan a menudo que no gustan a la gente y necesitan la aprobación constante de los demás para sentirse a gusto.

Hay otro tipo de MADRES QUE MANTIENEN UNA RELACIÓN FRIA Y DISTANTE CON SUHIJO. Estas madres evitan el contacto físico y afectivo y esto produce niños que aprenden a evitar el contacto. Suelen ser madres narcisistas que no pueden mantener una relación afectiva con nadie pues solo se quieren a si mismas.
LOS HIJOS DE MADRES FRIAS suelen tener dificultades para mantener una relación de pareja, solo podrá estar con una persona del mismo tipo de él. Será una relación donde no tendrá que dar mucho de si, es decir de amar. Son personas que no necesitan de los demás, les gusta estar solos y suelen ser muy desconfiados.
Esta personalidad fría suele mantener una actitud superior y altanera con los demás, pero no es por considerarse superior a ellos, sino más bien por el miedo que les produce mantener una relación afectiva e involucrarse en un compromiso.

Para un próximo post seguiré comentando como se reproduce el mismo tipo de relaciones en familias amplias.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

¿Cuándo es Conveniente Pasar de la Cuna a la Cama?

Por admin, 8 Noviembre, 2011, Sin comentarios

El niño desde que nace nos pone continuamente ante retos que nos parecen difíciles de superar. Nuestro hijo está en constante evolución y continuamente va alcanzando habilidades y aptitudes que hacen cambiar los hábitos que ya tenemos establecidos.

Cuando más cómodos nos sentimos en las rutinas conquistadas (alimentación con cuchara, sueño prolongado en su cuna, cambio de pañal, entretenerse con sus juguetes permaneciendo sentado en el suelo…). Él, con su actitud, nos va demandando cambios para poder progresar en su autonomía y nosotros debemos dar respuestas a sus necesidades.

Muchos padres nos preguntan cuándo es el momento oportuno para cambiar a un niño de la cuna a la cama y nosotros respondemos que ellos deben estar atentos para darse cuenta que el niño ha realizado una serie de llamadas de atención que nos indican que ha llegado la hora.

Como norma general, hacia los dos años el niño ha adquirido unas habilidades motrices que le permiten saltar la barrera de la cuna y aparecer de repente, donde se encuentran los padres. Otras veces no aparece pero oímos un golpe tremendo en su intento de saltarla.

También nos damos cuenta que le encanta trepar por cualquier sitio, que sube las escaleras sin tropezarse o que se choca con las barreras de la cuna pues es demasiado pequeña para su tamaño. Cuando ha alcanzado los 90 cms de altura podemos pensar que va a dormir más cómodo en su cama.

A nivel afectivo, cuando empieza la etapa de la autoafirmación, que es el querer hacer las cosas por sí mismo, cuando demuestra con una gran sonrisa el orgullo que experimenta con sus logros en autonomía y se cree muy mayor para afrontar nuevos retos, es el momento adecuado para dar el paso.

Nunca debemos ser exigentes en la aplicación de las normas y siempre hay que tener muy en cuenta el ritmo madurativo y la forma de ser de cada niño. No es lo mismo un niño inquieto que no para un momento y que amanece con diferentes posturas cada mañana que un niño que duerme plácidamente y se despierta casi en la misma posición en la que le arropamos por la noche.

Este momento no debe coincidir nunca con la llegada de un nuevo hermanito. Muchos padres, con la ilusión de hacer partícipe al hijo de la llegada de éste, le invitan a dejar sus objetos “para el que va a llegar”. El destronamiento se confirma con nuestra buena intención y, lo único que conseguimos, es un mayor rechazo. Ya va tener que compartir el cariño de los padres y es demasiado pedirle compartir también sus objetos queridos. Esto se debe realizar unos meses antes de la llegada del nuevo hermanito o posteriormente, una vez que se haya acostumbrado a su presencia.

Tampoco debemos pedirle varios cambios al mismo tiempo: que vaya a la escuela, que deje el pañal y el chupete y que además abandone su cuna en la que se siente tan protegido y seguro. Cuando están adaptándose a la escuela sienten mucha inseguridad y no es conveniente realizar este cambio.

Cuando hemos decidido dar el paso, se lo debemos comunicar de una manera natural, como una acción normal que debe llevar a cabo. La decisión de comprar una cama la deben tomar los padres, teniendo en cuenta la seguridad y economía. Es una decisión importante y no podemos guiarnos por lo que el niño decida así como la distribución de los muebles en la habitación. A lo mejor, él podrá decidir el dibujo del edredón, el color de las sábanas o dónde colocar sus muñecos con los que compartía su cuna y así se sentirá importante. También podrá llevarse la almohada o manta que usaba en la cuna… un objeto transicional que le ayude en este cambio.

Cuando lo decidimos no nos podemos echar atrás. Debemos mantenernos firmes en la decisión sin dar cien mil explicaciones aunque el niño demande su cuna. Se le dará una explicación sencilla y positiva de los beneficios de ser mayor y sin dar demasiada importancia al cambio. Esta firmeza le enseñará que en la vida se tendrá que adaptar a continuos cambios que le ayudarán a madurar. A lo largo de su vida, tendrá que afrontar retos difíciles que le ayudarán a adquirir seguridad y confianza en sus posibilidades.

No debemos alterar la rutina del sueño que a estas edades ya debe estar conquistada totalmente. Las normas a la hora de dormir deben permanecer como hasta ahora con un buen hábito de sueño, se mantienen los rituales necesarios para adquirir tranquilidad y sosiego pero no debemos dejarnos arrastrar por sus peticiones ya que esta flaqueza ante sus demandas, podría estropear lo que ya está establecido hace tiempo. El cambio no justifica un cambio en las normas.

Se le debe presentar como algo positivo, una conquista, un paso adelante en su maduración, nunca como una pérdida. “Como te has hecho tan mayor, y ya no cabes en la cuna y has aprendido a bajarte solito porque eres muy ágil, es el momento de dormir en la cama como lo hace papá y mamá”. Se le debe gratificar con algo que a él le encante, como jugar con su juguete preferido, llevarle a ese parque que le gusta tanto con su triciclo o a visitar a ese amigo con el que le gusta compartir su juego.

A los padres les preocupa mucho la seguridad y, los primeros días, para evitar accidentes poco importantes, se le puede poner almohadones en el suelo al lado de la cama por si se cae. Otras veces lo encontraremos durmiendo en el suelo y no nos habremos enterado de su caída. También podremos poner el colchón directamente en el suelo hasta que se acostumbre o, si tiene una cama nido, se le puede abrir la de abajo sin poner las patas a modo de colchón. No debemos poner la cama al lado de estanterías por donde pueda trepar o al lado de una ventana que pueda abrir.

La cuna debe desaparecer de su vista. Todos tenemos momentos de flaqueza y añoramos la etapa anterior en la que nos sentimos seguros y confiados (regresión) y por eso hay que evitar posibles tentaciones.

Si vosotros padres lo presentáis de una manera natural como un paso más que hay que afrontar así lo vivirá el niño. Nuestra actitud segura y confiada ante todos los cambios ayudan al niño en su posible inseguridad ante cualquier cambio.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

Dejar el Chupete y el Hábito de Chuparse el Dedo

Por admin, 3 Noviembre, 2011, Sin comentarios

Todos los bebés nacen con el reflejo de succión como instinto de supervivencia. Para alimentarse, necesitan succionar la leche del pecho de su mamá y, como sustituto, del biberón.

También succionan para calmar la ansiedad cuando tienen sueño, hambre o están cansados. Es preferible ofrecerle un chupete a que utilicen el dedo pues la costumbre de chupárselo es mucho más difícil de erradicar.

Dentro del seno materno y a los pocos días de nacer, descubren que la succión les produce placer y empiezan a chuparse el dedo pulgar, el dorso de la mano o la muñeca para consolarse en ausencia de su madre. Conforme van creciendo, este deseo va disminuyendo a medida que el niño encuentra otras actividades que le interesan y con las que se entretiene.

También utilizan el dedo o el chupete cuando están cansados, aburridos o irritados y necesitan hallar consuelo chupándolos. Hay niños que se aferran a esta costumbre y los padres se preocupan pues no ven la manera de quitársela.

Los pediatras aconsejan retirarlo por problemas con la dentición pero está comprobado que el chupete no es el causante de deformaciones dentales si se abandona antes de los tres años.

Después del primer año, aconsejamos utilizar el chupete solo para momentos puntuales como cuando están cansados o para dormir.

Cuando es la hora de ir a la cama algunos niños sienten una cierta ansiedad pues se separa de los padres, se enfrenta a sus sentimientos ambivalentes, a los sueños y fantasías en un ambiente silencioso y oscuro y ofrecerle el chupete es una buena manera para ayudarle a calmar esta ansiedad.

Muchas veces comprobamos cierta incongruencia en las exigencias de los padres pues muestran un deseo temprano a la hora de conseguir que el niño permanezca seco y abandone el pañal así como tirar el chupete y en cambio, frenan su desarrollo en sus movimientos o alimentación pues desean que siga siendo bebé.

Antes de los tres años el chupete es un gran aliado para el niño y lo utiliza para darse placer o relajarse. Después ya no lo necesita y es el momento de sugerirle que es mejor abandonar esta costumbre. Se le puede proponer cambiarlo por algo que él desea con intensidad, como estrenar una bicicleta o ir al zoo.

Antes de esta difícil decisión, se le permitirá usarlo un rato en casa cuando está inmerso en una actividad tranquila como la lectura de un cuento o cuando ve un rato el video, pero en otros momentos del día se guardará en la cuna porque “es para dormir”.

Hay que motivarle en su crecimiento y demostrarle lo mayor que es en cada acción que realice él solito. También se le podrá decir que ya es grande, que tiene dientes y que puede masticar y por eso ya no necesita el chupete, que lo usaba cuando era pequeño pues no sabía hablar ni correr ni saltar…como puede hacerlo ahora.

El niño tiene que desprenderse de él de forma voluntaria y una vez dado el paso, no podemos retroceder aunque lo pida. Pasará inquieto tres días y al cuarto dormirá placidamente. No se debe decir que se lo dejamos para el hermanito que va a nacer porque puede acrecentar los celos que todo niño siente.

Hay que elegir el momento más adecuado, como por ejemplo ,en el cambio de casa en las vacaciones, nunca en situaciones de estrés como la adaptación a la escuela, después de una enfermedad, cuando haya nacido un hermano o en una situación familiar delicada.

En la escuela infantil, después del periodo de adaptación, los niños guardan el chupete en su chupetero y solo lo utilizan para la siesta, volvíendolo a dejar en cuanto se despiertan. Al estar distraídos con actividades propias de su edad que demandan su atención, no lo necesitan en todo el día. Esto también se puede conseguir en casa cuando las normas son claras, firmes y coherentes.

En los niños que se chupan el dedo, es más difícil que desaparezca esta afición pues el dedo siempre lo tiene a mano.

Hay que ofrecerle actividades en las que tenga que utilizar las dos manos pero nunca se le debe de avergonzar delante de otros niños, evitemos ridiculizarle o regañarle, simplemente le advertimos con una palabra ”el dedo” para que sea consciente que lo tiene metido en la boca y lo saque fuera. No se le debe dar un manotazo pues lo vivirá como un acto agresivo hacia su persona, ni se le castigará o asustará con palabras como “se te van a caer los dientes”.Se debe advertir a los familiares que no estén tan pendientes de este hábito pues el niño se siente observado y enjuiciado constantemente.

Tampoco se deben utilizar amenazas tales como “se lo vamos a contar a tus amigos”. Él sabe que es una fea costumbre y la suele llevar en secreto pues se avergüenza de ella.

Después de los tres años el niño lo utiliza en momentos en que le narran un cuento o está observando o escuchando con gran atención de manera más contemplativa. En estas ocasiones, la succión parece formar parte de una situación agradable, en la que el niño asume una apariencia soñadora. Asocia el autoconsuelo que le produce con el estado de ensueño y esta situación placentera evoca la época en que estaba tranquilamente a solas con su madre. Si no le damos excesiva importancia, poco a poco el niño abandonará este hábito.

por Pelancha Gómez Olazabal
Directora de la Escuela Infantil Jauja

El Deporte, Actividad Fundamental en la Vida de un Niño

Por admin, 3 Noviembre, 2011, Sin comentarios

Cuando hablo de educación siempre comienzo recordando a los adultos que nosotros somos un modelo a imitar y que nuestra actuación enseña más que mil palabras. Así mismo les recuerdo la responsabilidad que tienen los padres en educar a sus hijos en todo momento no solo en momentos concretos y de ahí radica la importancia de nuestro comportamiento en cualquier circunstancia.

Una vez dicho esto, vamos a centrar nuestra atención en una de las actividades más atractivas para un niño como es el DEPORTE.

El deporte no solo perfecciona aspectos físicos como es el fortalecimiento corporal, el equilibrio y la agilidad, la coordinación de los movimientos… aspectos fundamentales para el desarrollo físico y la prevención de futuras enfermedades como es la obesidad sino que desarrolla otros muchos aspectos tan importantes como el físico, como son las habilidades sociales (amistad, respeto, empatía, cooperación), emotivas (control de impulsos, tolerancia a la frustración, dominio de si mismo, desarrollo de sentimientos positivos hacia los demás), intelectuales (toma de decisiones, organización mental del juego y estrategias, solución de problemas).

El niño que practica un deporte tiene la oportunidad de aprender a respetar y valorar a los demás, desarrollando la empatía que permite ponerse en el lugar del otro, ser honesto consigo mismo, admitiendo sus propias aptitudes y limitaciones y aplaudiendo los éxitos de los demás. Aprende a tolerar la frustración cuando no es elegido para jugar, cuando no le ha salido la jugada, cuando el otro es mejor que él y acepta que unas veces se gana y otras se pierde. Aprende a cooperar y alegrarse por el triunfo del equipo, no solo por propia vanidad, a ser generoso, esforzándose por conseguir el triunfo propio y el de sus compañeros, a no ganar haciendo juego sucio, pues esto puede alegrar en el momento, pero no da satisfacción ya que no se ha ganado con limpieza, respetando las reglas. El deporte enseña a respetar las decisiones del entrenador y del árbitro como figuras de autoridad, a dominar sus impulsos negativos como la rabia, la ira o el sentimiento de fracaso.

Además, es una actividad donde se fomentan las relaciones sociales, estableciendo unas amistades duraderas ya que les une una afición común, es divertida y da grandes satisfacciones.

Seguiríamos enumerando la larga la lista de efectos beneficiosos que aporta la práctica de un deporte pero no es necesario, lo que sí quiero dejar claro es que es una actividad FUNDAMENTAL, tanto a nivel físico como educativo.

Por ello, siempre recrimino a los padres que castigan a sus hijos suprimiéndole el deporte como forma de acicate para conseguir que estudie.

En el apretado programa educativo de nuestros hijos deberían incluir mas horas para el deporte y nos ahorraríamos muchas enfermedades futuras y no tan lejanas, como son la obesidad o la diabetes que tanto preocupan a los pediatras y padres, o la falta de actividad en los jóvenes que holgazanean aburridos en los parques sin saber qué hacer. Es invertir en salud fisica y mental de nuestros niños-jóvenes.

ACTITUD DE LOS PADRES

Nosotros somos un constante referente para nuestros hijos y ¿cómo vamos a educarlos en la honestidad cuando les acuciamos para que pisen al contrincante, abucheamos una buena jugada del equipo contrario o insultamos al árbitro cuando pita una falta?

Los padres tienen que tener en cuenta que:

1º El deporte tiene que ser elegido por el niño VOLUNTARIAMENTE no porque sea nuestro deporte favorito.

2º Los niños practican un deporte para su propia diversión no para la de los padres.

3º No debemos exigirle por encima de sus posibilidades ni ridiculizarlo cuando le sale mal una jugada o compararlo con sus compañeros.

4º Hay que mostrar siempre, por mucho que nos cueste, una actitud deportiva, aplaudiendo el buen juego, tanto del equipo propio como del contrario.

5º Hay que inducirle a respetar el reglamento aunque los demás no lo hagan.

6º Respetar la decisión del entrenador (tanto si te sacan a jugar como si te dejan en el banquillo) del árbitro o de la institución.

7º Hay que inculcar que el esfuerzo es tan importante como la victoria y aceptar de buen grado que lo importante es participar.

8º Hay que enseñar a encajar los fracasos y relativizar el resultado sin perder de vista que el deporte es un mero juego y que lo verdaderamente importante es la amistad y el compañerismo.

9º Deberíamos enseñarle que se puede competir y saborear el triunfo cuando se ha ganado de manera honesta, las trampas y el juego sucio nunca dan satisfacción. Hay que ganar con el esfuerzo pero nunca en menoscabo del otro, pavoneándoos de nuestro éxito ante los demás, infravalorando a los compañeros.

10º Cuando seamos espectadores de cualquier deporte, esté o no jugando nuestro hijo, debemos medir nuestro lenguaje, gestos y actuaciones pues debemos recordar que también en estos momentos estamos educando.

por Pelancha Gómez Olazabal
Directora de la Escuela Infantil Jauja

Los Primeros Contactos Sociales entre los Niños – La Sociabilidad en la Escuela Infantil

Por admin, 9 Mayo, 2011, Sin comentarios

Actualmente, con la incorporación de los niños/as a la escuela infantil, se ha propiciado un acercamiento entre estos a una edad mucho más temprana que hace unos años, cuando los niños empezaban su contacto hacia los 4 años.

Al comienzo de su incorporación a la escuela, los niños/as no tienen contacto unos con otros y su interés está centrado en la relación con su maestra que hace la función de madre. Los contactos entre ellos son mínimos y es la maestra la que los reúne a su alrededor y se esfuerza para que vayan aproximándose.

Pero lo que realmente les hace consciente de la existencia del otro son los conflictos que se originan entre ellos y son estos los que le van sacar de su aislamiento y le conducirán al acercamiento entre ellos. Al principio, trata al compañero como un mero objeto que puede manejar a su antojo pero, ante las protestas de éste y las colisiones entre las actividades de los diferentes niños, fuerzan a tener conciencia de la personalidad de los demás, a contar con sus intereses, sus deseos, su voluntad.

Los conflictos abren camino al acercamiento y van ayudando al niño a aprender a compartir, primero el cariño y la atención de la educadora, para pasar a compartir, con muchos conflictos, los objetos y el espacio.

Para los padres es difícil entender el proceder de los niños y culpan a la maestra de atender poco a los niños cuando pegan o muerden a su hijo; no entienden que en este acercamiento, lo que importa es la relación que se establece entre los niños a través de la posesión de los objetos. Por eso se entiende que un niño desee el objeto que tiene otro niño y lo persigue hasta apoderárselo y, en cuanto lo obtiene, lo abandona para ir en busca de otros objetos tenidos por otros niños.

Los niños aprenden enseguida el efecto que produce un tirón de pelos o un mordisco pues el agredido suelta inmediatamente el objeto o se pone a gritar desconsoladamente. Es como cuando oprimen un botón de un juego, que se enciende automáticamente. Es comprobar causa-efecto y el niño no comprende que el otro niño no es un objeto sino que es una persona a la que le ha hecho daño.

A esto hay que añadir que están atravesando por una etapa evolutiva a nivel emocional muy conflictiva, están construyendo su propia identidad, a reafirmarse y las palabras preferidas son el “mío”, el “yo” y el “no”, es la autoafirmación a través del negativismo y los adultos les exigimos un comportamiento social donde no existan los conflictos ni las agresiones.

Durante los primeros años el amor de los padres es tan necesario que el reparto es intolerable, es la ley del todo o nada y esto explica que la presencia de otro niño sea sentida como una amenaza. De ahí los sentimientos agresivos (celos) hacia los hermanos menores que todo niño sufre y al que hay que ayudar para que los vaya canalizando de manera positiva.

Poco a poco descubrirán el placer de estar o hacer algo juntos y la hostilidad se convertirá en simpatía por el otro.

En estos primeros acercamientos es primordial la intervención de la educadora, padres y adultos que sean responsables de su educación, para que vaya modulando su conducta a un comportamiento más social.

Cuando ya es capaz de comprender que el otro no es un objeto y que tiene sentimientos, deseos e intenciones, es el momento de enseñar el VALOR DE SABER DISCULPARSE. Es enseñarle a ser responsable de sus acciones y que puede corregirlas y pedir perdón cuando ha dañado al compañero.

Pedir perdón es tener en cuenta los sentimientos de los demás e intentar aliviar su pena. Ya hemos dicho en muchas ocasiones que hasta la edad de 7 años no pueden sentir empatía por el otro (ponerse en el lugar del otro), pero sí se pueden dar cuenta que su acción no ha sido correcta y que ha agredido al otro. Es ser consciente de su error y que existe la posibilidad de la reparación.

Este es un sentimiento que el niño tiene que aprender y no vale el decir ”perdón” porque me lo indican los adultos y seguir actuando de la misma manera. Es un sentimiento de arrepentimiento que el niño debe sentir en su interior. La intervención del adulto es fundamental para que el niño pueda corregir su comportamiento indebido. Se le hace ver lo que no es correcto sin hacer un juicio de valor a su persona, se detiene la actividad y, a continuación, se procede a una acción reparadora (se devuelve el juguete arrebatado, se hace una caricia al niño al que le has hecho daño, se le presta un juguete propio…) No hace falta decir la palabra “perdón”, basta con el gesto de arrepentimiento. Y esto se repite tantas veces como surja un conflicto.

El objetivo primordial en la escuela infantil es SABER COMPARTIR pues es la manera en que los niños se socializan, es decir, aprenden a convivir con el otro, a integrarse en el grupo social del que forman parte y esto solo lo pueden aprender en la relación con sus iguales, primero a través de la rivalidad para llegar a una auténtica cooperación y amistad. La relación con el grupo les enseña a medir sus propias fuerzas, sus cualidades personales, a tener una imagen propia más real pues la respuesta de los demás le hacen ver su forma de ser y relacionarse, a poner en práctica los valores que los padres y educadores le transmiten.

Hay muchos niños que les cuesta reconocer un error, que tienen una autoestima muy alta propiciada por unos padres que le han hecho creerse superior a los demás, (es el rey de la casa) o porque no admiten los errores porque sus padres les han puesto el listón muy alto y temen defraudarlos. Hay padres que no permiten un fallo a su hijo y exigen un comportamiento correcto en todas las facetas. A este niño le crean muchos sentimientos de culpa pues él tiene sentimientos agresivos, de ira, de enfado que no puede expresar de ninguna manera. Lo que hay que hacer es hacerle ver que se pueden tener sentimientos negativos pero que hay otras maneras de canalizarlos sin tener que usar la agresión física.

Muchas veces el niño cree que tener sentimientos de enfado es lo que está mal hecho no su proceder (dar patadas, romper un juguete, insultar) Hay que aclararles que lo que hay que corregir es su descarga no el sentimiento. Se puede enfadar pero hay que enseñarle que tiene que dominar sus impulsos, utilizando otras vías para expresar el sentimiento.

Tenemos que enseñarle a aceptar las equivocaciones, está aprendiendo a comportarse, no es un adulto desobediente, es un niño que todo lo tiene que aprender a base de cometer errores. Muchas veces les cuesta asumir que se equivocan por las consecuencias que esto acarrea (castigo, reprimenda) y otras porque les da vergüenza reconocerlo. Esta situación es muy perjudicial para sí mismo pues le produce un sentimiento de culpa que le hará sufrir y sentir rencor y resentimiento cuando se podría haber resuelto fácilmente habiendo pedido disculpas a tiempo. Es importante saber que es necesario el propio perdón para sentirse bien consigo mismo.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

El Aprendizaje en la Vida del Niño

Por admin, 11 Abril, 2011, Sin comentarios

El niño, desde que nace, está dispuesto al aprendizaje y pronto empieza a interesarse por lo que ocurre a su alrededor.

Enseguida empiezan a dar muestras de autonomía, a querer hacer las cosas por si mismo, a coger la cuchara él solo, a caminar, a intentar ponerse un zapato…. Los niños tienen ganas de aprender y los padres deben mostrarles y fomentar las posibilidades de aprendizaje de una manera confiada y segura. Deben dar respuesta a sus demandas de independencia pues es su responsabilidad como padres.

En el primer año de vida, en cuanto su maduración física le permite agarrar los objetos, los explora, los manipula y descubre sus atributos. Enseguida, cuando empieza a gatear y un poco más tarde, a dar sus primeros pasitos, es cuando un abanico de posibilidades se abren ante su mirada, volviéndose un niño curioso, activo, que no para en todo el día. Es lo que llamamos “idilio con el mundo”.

Los padres no deben frenar esas ansias de aprender, de experimentar, de movimiento, porque es la única forma en que se vaya desarrollando su capacidad intelectual. El desarrollo integral del niño va armonizado en un todo globalizado de tal manera que, un niño que no se puede mover, no puede explorar el espacio y no puede desarrollar su capacidad mental, al no poder experimentar con los objetos con los que va descubriendo sus cualidades, asociándolos, relacionándolos y así, poco a poco, formando y emergiendo el pensamiento simbólico. A la vez, cuando un niño manipula los objetos, los conoce a través de los sentidos y el movimiento, sabrá nombrarlos y será cuando surja el lenguaje. Todo aprendizaje está entrelazado y unos dependen de otros.

Los padres temerosos ante los peligros con los que se pueda encontrar el niño en sus desplazamientos por el espacio, le están frenando a que él descubra sus posibilidades físicas, a la vez que crece su autoestima y confianza en sus posibilidades. Es más saludable el que tenga un chichón de vez en cuando pues se ha caído del tobogán, que tenerlo a buen recaudo sentadito en su silla viendo jugar a los demás. No lo podemos abandonar a su suerte cuando está en el parque, pero sí acompañarlo y disfrutar de sus andanzas y atrevimientos, ofreciéndole ayuda cuando él la pida, no adelantándonos nosotros a su petición.

Ante cualquier intento de aprendizaje, de conquista de autonomía, los padres se muestran nerviosos ante el deseo de comer solo pues va a dejar de ingerir el alimento necesario para su salud (al intentar comer solo, la mitad del puré se derrama en el babero) o se caerá al querer dar los primeros pasos o subir una escalera por su cuenta. ¿No os dais cuenta que esa actitud proteccionista está frenando el que el niño conquiste su independencia, con una imagen positiva y confiada de si mismo, orgulloso de sus logros y creciendo saludablemente en todos los aspectos?

Todo aprendizaje requiere esfuerzo y muchas veces nos convertimos en padres solícitos que nos adelantamos a resolver cualquier dificultad que tiene el niño y con esa actitud protectora, le estamos haciendo un flaco favor pues estamos creando un niño dependiente e incapaz de encontrar sus propios recursos para salvar dificultades. Más adelante, ante las tareas escolares, el niño no tendrá el hábito de esfuerzo que se requiere para aprendizajes más alejados de lo cotidiano. Actualmente oímos quejarse frecuentemente a padres y profesores de la falta total de esfuerzo por parte de los alumnos, pero es el resultado de haberles ofrecido una vida entre algodones, como contraposición a la vida que nos hicieron llevar nuestros padres.

Nos hemos ido a las antípodas de la educación, donde todo vale, no hay límites y lo importante es que el niño sea feliz y no sufra y yo pienso que en el medio está la virtud. El niño necesita unos límites para sentirse seguro, le debemos indicar lo que se puede o no hacer, presentándole unas normas y unos valores que le guíen en su caminar. No podemos presentarle un mundo de Disneylandia, donde todo es felicidad, donde no existe el fracaso, la decepción ni el error… porque, cuando se tenga que enfrentar a las exigencias de la vida, el batacazo va a ser terrible.

Los niños de ahora obtienen lo que desean sin esfuerzo y sin espera. ¿Dónde queda el entusiasmo de haber conseguido lo deseado por el esfuerzo y la espera?

Donde hay esfuerzo, hay interés y capacidad de investigación. Los niños que se esfuerzan, son capaces de centrar todo su interés y de descubrir las posibilidades que le ofrece un objeto o un juego y con su exploración, hay desarrollo intelectual. A la vez, su autoestima crece y se fortifica al demostrarse a si mismo de lo que es capaz.

¿No sería estupendo educarlos en el esfuerzo desde que son pequeños? Las ganancias son muchas, os lo aseguro.

Pero todo en su medida justa porque no podemos pedir a un niño un esfuerzo por encima de sus posibilidades, pues tendremos el resultado opuesto: perdida de interés por aprender.

Hemos dicho innumerables veces que, hasta que el niño no haya adquirido las capacidades necesarias para el aprendizaje de tareas, es muy contraproducente empezar con ellas porque le exponemos a situaciones que le sobrepasan y le boquean en su adquisición. Cada niño tiene su propio ritmo y es él y su proceder el que te va a ir indicando cuando está preparado para situaciones más difíciles o complicadas.

Ya he escrito en otro momento lo perjudicial que es llenarle de actividades extraescolares para prepararle bien ante el mundo competitivo con el que se va a encontrar. !Qué confundidos estamos! Al niño le aburrimos y abrumamos con tantas responsabilidades, y no le dejamos espacio para ser niño y dedicarse a actividades que le ayudarían a formarse como persona segura, confiada y feliz consigo mismo.

Debemos reflexionar sobre estas cuestiones para ayudar al niño a llegar a ser un adulto curioso, alegre, interesado por el medio y las relaciones sociales y sobre todo, con una alta autoestima que le abra las puertas a la vida.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

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