¿Por qué Son Tan Impacientes los Niños?

Por admin, 15 Abril, 2012, Sin comentarios

Los niños viven el presente, apenas se acuerdan del pasado y no pueden entender el futuro.
El concepto temporal es muy abstracto y muy difícil de interiorizar. En estas edades de 0 a 3 años la noción temporal es muy rudimentaria, solo entienden el presente.

En la escuela infantil recurrimos a varios recursos para ayudar al niño a orientarse en el tiempo:

1.- A través de las rutinas que se cumplen puntualmente, vamos ayudando al niño a poder anticipar lo que va a venir después y esto le da una gran seguridad.

En periodo de adaptación, ante la separación de sus padres, el niño siente una gran angustia pues no sabe que “después” sus padres volverán a recogerle. Él se siente abandonado y el tiempo que pasa en el centro se le hace eterno porque su propia angustia le impide integrarse en la actividad ofrecida por las educadoras. Él solo está pendiente de cuando regresará su mamá.

Poco a poco, al cabo de los días, él se da cuenta que su mamá siempre vuelve, que no le abandona y, al mismo tiempo, se va estableciendo un vínculo afectivo con su maestra que está a su lado para recibir su cariño y apoyo.

A través de las rutinas, sabe que después de la actividad, hacemos el control de esfínteres, después el rato en el jardín, después el lavado de manos, la comida… así va orientándose a lo largo del día y, al finalizar la jornada, con la narración de un cuento, los niños esperan tranquilos su recogida pues saben que es hora de ver a sus padres.

2.- Otro recurso utilizado en la escuela con niños a partir de los dos años, es la utilizacion del calendario. Por la mañana, en la asamblea, se ve en qué día estamos, cuántos faltan para los días rojos que son el sábado y domingo, días en que estamos en casa o cuándo toca, psicomotricidad, música, inglés, biblioteca… Todo lo tenemos muy reglado, organizado para ordenar el tiempo del niño.

Cuando vamos a realizar una excursión, lo señalamos en el calendario y vamos viendo los días que faltan para llegar a tan esperado día. Del mismo modo, recordamos todos los días qué hicimos ayer (la actividad estrella del día) que hemos hecho esta mañana antes de comer y que vamos a hacer después de la siesta… estos ejercicios son esenciales para ayudar al niño a orientarse temporalmente.

Cuando hemos ido al zoo, hemos presenciado un guiñol o tenido la visita de alguna persona importante, “recordamos” cómo ha sido para ir desarrollando la memoria y capacidad retentiva.

3.- Dramatizar un día entero desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, dramatizar la historia de un cuento, compartir el juego simbólico con un desarrollo de actividades secuenciadas en las que hay un principio, centro y desenlace para que vayan aprendiendo a jugar con una consecución temporal.

4.-Igualmente trabajamos mucho el paso del tiempo experimentando con la vida de los seres vivos. Por ejemplo: Plantamos una lentejita o piñon, lo cuidamos y, al poco tiempo, vemos como empieza a salir la plantita. Tenemos capullos de seda, damos de comer a los gusanos, vemos como van engordando y al final se hacen capullos para más tarde, convertirse en mariposas. Ponemos unos hielos al sol para ver como se derriten y, al poco tiempo, se convierten en agua… etc.

Todas estas actividades van demostrando al niño el paso del tiempo y así van adquiriendo las nociones temporales. Van enseñando al niño el VALOR DE LA PACIENCIA. El niño no es impaciente, es que no entiende la espera. El niño, hasta los 3 años, en que se va tolerando la frustración, la espera, el niño es un ser egocéntrico, omnipotente, todo lo quiere ”ya”, no puede esperar y, si no consigue lo que desea, se enrabieta y monta una pataleta. A los dos años, está en plena etapa de la autoafirmación y se pasa todo el día reivindicando con actitud decidida, su derecho a la independencia.

Aunque sepamos y comprendamos el momento evolutivo en el que se encuentra, no queremos decir que consintamos. A este niño hay que educarle, por muy costoso que nos suponga. La educación es un esfuerzo que muchos padres no están dispuestos a ofrecer porque es más fácil consentir. La paciencia es un valor que se consigue muy a largo plazo y hay que trabajarla sin llegar a agotar al niño. Para tener paciencia hay que ser capaz de pensar el futuro, de entender el significado de “ahora no, luego sí”. Como ya hemos dicho antes, esto es muy difícil de exigir a un niño de corta edad.

La escuela infantil es un lugar donde el niño, en compañía de sus compañeros, va aprendiendo que no es el único al que hay que atender, que tiene que esperar su turno para ser atendido, que tiene que escuchar lo que está contando un compañero, que hay unos horarios que hay que respetar para poderse ir al jardín a jugar con la moto, que “después” le tocará a él recibir los mimos que está recibiendo su compañero…aprenderá a compartir el espacio, los objetos y el afecto de las educadoras, aprenderá a SOCIALIZARSE. Todo esto requiere TIEMPO y hay que respetar su ritmo para que lo vaya integrando en su comportamiento.
Cuando deseamos vivamente un acontecimiento, el tiempo pasa muy despacio hasta que llega ese momento, en cambio, cuando nos estamos divirtiendo mucho, no queremos que se termine. Si esto nos pasa a los adultos… ¿cómo lo vivirán los niños?

Por eso, cuesta entender que el niño abandone el juego para irse al baño montando una pataleta y, después, no quiera salir de la bañera cuando es la hora de cenar… él vive el presente y no “piensa” en lo que viene después por mucho que le guste. En estos casos es muy conveniente, irle enseñando el paso del tiempo con un gran reloj y pegatinas para ir marcando los tiempos para cada actividad. Para fomentar la paciencia, debemos compartir con ellos juegos que requieran esfuerzo en su terminación como son las construcciones, los puzles, colorear una figura, plastilina y, en general, trabajos manuales que requieran paciencia para su terminación. Cuando los termine, valorar su esfuerzo, su paciencia para llegar a su consecución y manifestar la satisfacción que se obtiene en ello. Que se sienta orgulloso por el logro y animarle para que prosiga en este tipo de actividades.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

Mi Niño Dice Palabrotas

Por admin, 14 Abril, 2012, Sin comentarios

Hacia los tres años, el niño tiene un manejo del lenguaje amplio y le encanta utilizarlo para expresar sus pensamientos, sentimientos, experiencias.

Los niños a esta edad no paran de hablar durante todo el día y se muestran orgullosos de su logro. Anteriormente, solo se podían expresar con frases de dos-tres palabras y su pronunciación era muy incorrecta, tanto que, en muchas ocasiones, solo los adultos con los que tenían un contacto muy cercano, eran capaces de entender lo que querían decir.

La adquisición del lenguaje es un gran logro y, gracias a él, una nueva etapa le brindará grandes satisfacciones tanto a nivel intelectual (ampliando sus conocimientos y estructuración del pensamiento), como a nivel social al poder interactuar con sus iguales y adultos.

El lenguaje le servirá tanto para comunicarse con sus compañeros y adultos con los que tiene una relación como arma arrojadiza para expresar sus sentimientos negativos.

Un niño de esta edad no puede racionalizar sus sentimientos que oscilan entre el amor-odio en décimas de segundos. Por eso, cada vez que a un niño le decimos un “NO” ante un deseo, surge en él un sentimiento de ira, de rebelión que expresa con el lenguaje con frases como: ”ya no te quiero”, “eres mala”, “te voy a matar”… y lindezas como estas. La actitud de los padres y adultos debe ser, como siempre decimos, de indiferencia por mucho que lo sintamos. Todavía no sabe el significado de estas palabras y el daño que pueden causar.

Por mucho que el niño se enrabiete ante nuestra negativa a un deseo, por mucho que se descontrole dando patadas y llorando desconsoladamente, por mucho que nos insulte… nuestra actitud debe ser mesurada, impasible y paciente hasta que él recobre la tranquilidad que se requiere. En ese momento, se puede comentar con él, las razones por las que se ha puesto así y se le puede explicar que ese es un procedimiento inútil para conseguir lo que desea. En pleno berrinche no escucha los razonamientos, no puede parar porque su descontrol motriz va por delante de su pensamiento. Él sabe que así no va a conseguir nada, pero no puede parar.

Frecuentemente los padres acuden a la escuela infantil horrorizados y acusando al centro de ser los culpables del aprendizaje de estas exageradas reacciones, acompañadas de un vocabulario muy poco apropiado de estas edades y, aunque nosotros tratamos de explicarles las razones de este anómalo comportamiento (que, por otro lado, es “normal” pues es algo evolutivo que la mayoría de los niños tienen) no escuchan y piensan que es un aprendizaje que debemos corregir en el centro.

Es el momento en que surgen LAS PRIMERAS PALABROTAS que los adultos escuchamos con preocupación. Estas palabrotas las aprenden por imitación. Los niños las han escuchado de los padres, familiares, compañeros de juego, dibujos animados o programas de televisión. Aunque creamos que no están atentos a lo que escuchan por televisión o conversaciones entre los adultos pues los vemos entretenidos jugando en otro sitio, ellos siempre tienen las antenas puestas y son esponjas que todo lo captan. Nadie está libre de haber soltado una “palabrota” cuando nos vemos ante un imprevisto, disgusto o discusión, aunque sea de poca importancia.

Por ejemplo, cuando estamos inmersos en el trafico agresivo en el que solemos conducir nuestro coche. ¿Quién no ha dicho una palabrota ante una conducción temeraria? Pensamos que los niños no están atentos a nuestras reacciones y estamos muy equivocados.

Los niños-jóvenes, para sentirse muy mayores, utilizan un lenguaje con un número muy reducido de vocabulario, adornado con un sinfín de palabrotas y esto también lo escuchan nuestros pequeños.

A esta edad y hasta los seis, siete años, los niños no conocen el significado de estas palabrotas, por muy fuertes que resulten a los adultos. Los niños sí ven la reacción que tienen en el adulto y que esto provoca una atención que es lo que quieren obtener. En estas edades, utilizan todos los recursos inimaginables para llamar la atención y, si ven que las palabrotas la obtienen, las utilizarán frecuentemente.

La actitud de los padres por mucho que cueste mantenerla debe ser de impasibilidad y explicarles, con calma, que esas palabrotas no se dicen porque no son bonitas y pueden ofender y son de mal gusto.

Cuanto más constatan que estas palabras alteran a los padres, más las usarán. Saben que no falla, llaman la atención y provocan reacciones en los adultos: se sorprenden, les castigan, les regañan o se ríen. Hay que enseñarles a que, el decir palabrotas, no es la forma adecuada de llamar la atención.

Hay padres que exigen a la escuela que el niño que dice palabrotas y que rápidamente los demás imitan, se le castigue y aleje de sus compañeros pero esta reacción consigue lo contrario de lo que queremos conseguir. Los niños las utilizarán para herir al adulto, para producir irascibilidad y enfado ante ellos cuando no consigue lo que quiere. Es una agresión verbal que produce consecuencias.

Los psicólogos aconsejan que hagamos oídos sordos ante las palabrotas, que hagamos como si no oyéramos y que en poco tiempo, el niño las dejará de utilizar pues no obtiene lo que quiere conseguir: Atención. Quitamos todo el valor que pueden tener pues ya no valen para llamar la atención. Hay que mostrarnos impasibles y esto es difícil de conseguir, sobre todo porque estamos rodeados de gente que no entenderá nuestra reacción. Se le recordará, con tranquilidad, que estas palabras no se pueden utilizar porque molestan a los demás y que no va a conseguir lo que quiere, utilizándolas. Cuando los niños ven que estas palabrotas no tienen el efecto que quiere conseguir, dejan de decirlas.

Hay muchos niños que hacia los tres años utilizan las palabras para agredir a su compañero: las palabras más usadas son: “tonto”, “no eres mi amigo”, “no te invito a mi cumpleaños”, pero esto no lo utilizan para herir, sino para conseguir lo que tiene el otro. Son recursos que va abandonando cuando se da cuenta que no tienen resultado.

No me canso de recordar que los adultos somos los ejemplos a seguir y que nuestras acciones y actitudes son lo que los niños van a imitar, cayendo en saco roto nuestras palabras si se contradicen con nuestra actuación. Debemos cuidar mucho nuestro vocabulario y expresiones si queremos que nuestros hijos tengan un lenguaje correcto y respetuoso hacia los demás.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

¿Tiene tu Hijo un Amigo Imaginario?

Por admin, 26 Febrero, 2012, Sin comentarios

Como hemos explicado en algunas ocasiones, alrededor de los 2 años, va apareciendo en el niño el pensamiento simbólico, es decir, la capacidad de representarse mentalmente la realidad que le rodea. Es lo que decimos coloquialmente: ”empieza a pensar”.

Cuando conoce los objetos manipulándolos, puede formarse una imagen mental del ellos y los puede nombrar. Es cuando surge el lenguaje. El lenguaje le sirve para comunicarse al comprobar que él es un ser separado de su madre, con una identidad propia, que debe ir formando en un largo proceso llamado individuación-separación.

Al principio de este advenimiento y hasta los 7 u 8 años, cuando surge el pensamiento lógico, la fantasía y realidad aparecen mezclados y no se sabe bien donde empieza una y donde termina la otra. No hay una clara diferenciación entre una y otra. Esta convivencia entre fantasía y realidad le permite dar respuestas a lo que sucede en su entorno, repuestas que no comprende pues su pensamiento racional todavía no está desarrollado.

Con su pensamiento mágico, él cree que los seres animados e inanimados poseen las mismas cualidades y atributos que los seres humanos: pueden hablar, encolerizarse o expresar sentimientos destructivos o de reparación. Es lo que se llama “animismo”.

Los niños necesitan de un espacio para dar alas a la imaginación y vivenciar sus fantasías. A través de la imaginación pueden entablar relaciones amistosas con un peluche, muñeco, mascota o ser irreal. Estos seres cobran vida por arte de magia y, a los 2 ó 3 años, aparece el AMIGO IMAGINARIO.

Este amigo lo acompaña continuamente, habla con él y lo integra en sus juegos. Muchas veces es un desdoblamiento de su personalidad y proyecta en él los sentimientos y temores que tiene el mismo. Es “el otro yo” al que, frecuentemente, le echa las culpas cuando infringe una norma: “Yo no he sido, ha sido fulanito”. Estos seres son fruto de su imaginación, le hacen compañía y le sirven de escape emocional, reduciendo a veces sus ansiedades. En estas edades hasta el periodo de latencia (6 ó 7años) el mundo interior está compuesto de sentimientos ambivalentes muy fuertes de amor-odio, difíciles de dominar. Tiene que hacer frente a temores que le atormentan y que le producen ansiedad y, poco a poco, tiene que poner orden en su mundo emocional hasta la llegada del equilibrio afectivo.

ACTITUD DE LOS PADRES

La actitud de los padres ante el amigo imaginario debe ser de RESPETO. No hay que preocuparse pues es algo normal en su desarrollo que poco a poco abandonará a la edad de 7 ó 8 años cuando el pensamiento lógico, le hace diferenciar perfectamente la fantasía de la realidad.

Los padres deben estar atentos a las conversaciones de su hijo con el amigo imaginario pues estas le darán mucha información de sus miedos, ansiedades y sentimientos, ya que el amigo imaginario le sirve para encauzar sus sentimientos y así podrán adivinar su mundo interior que en muchas ocasiones es difícil de conocer.

No deben fomentar esta relación amistosa ni seguirle el juego, como tampoco hacerle preguntas capciosas de su existencia, ni deben ridiculizarle o comentar fuera del círculo familiar, pues es algo reservado de su intimidad que hay que respetar.

El niño no entiende que nosotros, adultos, no lo veamos ni le escuchemos, pues para él existe realmente pero nosotros con nuestra respuesta, no debemos confundir la fantasía de la realidad.

Cuando el niño le echa las culpas a su amigo imaginario al infringir una norma, no debemos pasar por alto o regañar al amigo inexistente, sino que hay que hacerle comprender que sus actos tienen unas consecuencias que debe de asumir.

SITUACIONES DONDE PUEDE APARECER EL AMIGO IMAGINARIO:

Los psicólogos nos muestran que se suele dar en hijos únicos o hermanos con mucha diferencia de edad, que tienen la necesidad de compartir sus juegos con sus “iguales”. Hay que procurarle actividades donde participen niños de su edad. Otras veces surgen en niños que se sienten poco atendidos afectivamente por sus padres y necesitan a una persona que les supla esta carencia.

En otras ocasiones, hay situaciones conflictivas que el niño no puede afrontar y se refugia en la amistad de este amigo para poderlas asumir. También dicen que se da más en niños sensibles e imaginativos que tienen muy desarrollada la creatividad.

La imaginación es un aliado firme para que el niño pueda comprender las situaciones y relaciones que se establecen en el mundo adulto y es, a través del juego simbólico, como el niño va adaptándose a la vida de los adultos.

El pensamiento mágico le ayuda a enfrentarse a la vida y le da explicaciones a situaciones que a su edad resultan imposibles de entender.

CUANDO SE DEBEN PREOCUPAR LOS PADRES

Nos debemos preocupar cuando:
1º.- Esta relación le aísla de los demás, prefiriendo su compañía a los amigos reales.
2º.- Cuando varía el comportamiento adecuado de su edad.
3º.- Cuando ese ser imaginario domina y dirige su vida.
4º.- También si prevalece después de los 7 ó 8 años.

En estos casos es cuando hay que acudir a un especialista en psicología infantil pues nos están hablando de algo que no va bien en su mundo interior.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

Nuestros Hijos, ¿Cómo Van a Ser de Mayores?

Por admin, 26 Febrero, 2012, Sin comentarios

Todas las personas somos diferentes y estas diferencias de carácter, costumbres, relaciones afectivas, intereses y necesidades, vienen determinadas por la relación que hemos mantenido con nuestra madre en los primeros años de vida, así como por el ambiente familiar que nos ha rodeado.

Todos sabemos que la elección de nuestra pareja está muy influida por la relación mantenida con nuestros padres y que reproducimos fielmente en muchos casos. Pero no solo en este caso sino que también es extensible a las demás relaciones mantenidas con nuestros amigos, familiares, compañeros de trabajo, así como en nuestra escala de valores e intereses, la opinión de nosotros mismos y, en general, la forma de vivir y disfrutar de la vida.

Ya, desde el momento de ser concebido, si ha sido un niño deseado o no, la vinculación que la madre entabla con su hijo, las ilusiones y expectativas que se tienen sobre él…van a determinar la futura relación que se vaya a tener.

Una MADRE SEGURA Y SENSIBLE, que deje desarrollar la personalidad del bebé, estando siempre atenta a las necesidades del niño, respondiendo a sus demandas sin atosigarle, motivándole constantemente para conocer y experimentar el mundo exterior, estará construyendo los cimientos de una personalidad AFECTIVA, SEGURA Y ESTABLE.

Esta madre suele ser una persona que está satisfecha con su forma de ser y de su vida. Una persona insatisfecha, acomplejada o frustrada, transmite consciente o inconscientemente sus sentimientos internos hacia su hijo.

LOS HIJOS cuyas madres son seguras y afectivas, podrán desarrollar su seguridad de manera más optima. Sus relaciones posteriores, tanto las experiencias amorosas como las sociales, serán de amistad, confianza y sentimientos positivos, aceptando y respetando a los demás, pudiendo mantener una buena relación con todos. Serán adultos con una confianza en sí mismos, debido a una alta autoestima y valoración positiva de su persona, lograda por su experiencia infantil.

Hay otro tipo de madres que mantienen UNA RELACIÓN AMBIVALENTE DE AFECTO-RECHAZO hacia su hijo, debido a sus propias experiencias con su madre cuando ella era pequeña. Estas madres suelen atosigar mucho al hijo, sobreprotegiéndolo e impidiendo su descubrimiento del mundo y, en ocasiones, mostrando un rechazo hacia él de manera consciente. Muchas veces ocurre que las madres demasiado preocupadas del daño exterior que puede sufrir su hijo, es resultante de la culpabilidad que le produce el rechazo que siente hacia su hijo. Esto ocurre a nivel inconsciente y ella no se da cuenta de ello.

LOS HIJOS de estas madres suelen ser niños ansiosos, coléricos y que demandan mucha atención. Suelen ser niños con falta de límites en sus vidas y, en relaciones posteriores, son adultos dependientes y absorbentes, con altibajos en el estado anímico y propensos a los celos y a la exclusividad.

Estas personas se enamoran con frecuencia pero tienen dificultades en encontrar el amor duradero. Dada su inseguridad, dudan siempre de sus actos y de si mismos y les cuesta mantener una decisión duradera después de iniciar una relación afectiva. Son personas que tan pronto tienen una gran amistad con alguien como que, de repente, dejan de interesarse por ella al poco tiempo. Son personas que suelen necesitar satisfacer sus deseos, que una vez obtenidos, carecen de todo valor o significado.

Esta inseguridad se manifiesta en su propia valoración, piensan a menudo que no gustan a la gente y necesitan la aprobación constante de los demás para sentirse a gusto.

Hay otro tipo de MADRES QUE MANTIENEN UNA RELACIÓN FRIA Y DISTANTE CON SUHIJO. Estas madres evitan el contacto físico y afectivo y esto produce niños que aprenden a evitar el contacto. Suelen ser madres narcisistas que no pueden mantener una relación afectiva con nadie pues solo se quieren a si mismas.
LOS HIJOS DE MADRES FRIAS suelen tener dificultades para mantener una relación de pareja, solo podrá estar con una persona del mismo tipo de él. Será una relación donde no tendrá que dar mucho de si, es decir de amar. Son personas que no necesitan de los demás, les gusta estar solos y suelen ser muy desconfiados.
Esta personalidad fría suele mantener una actitud superior y altanera con los demás, pero no es por considerarse superior a ellos, sino más bien por el miedo que les produce mantener una relación afectiva e involucrarse en un compromiso.

Para un próximo post seguiré comentando como se reproduce el mismo tipo de relaciones en familias amplias.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

El Deporte, Actividad Fundamental en la Vida de un Niño

Por admin, 3 Noviembre, 2011, Sin comentarios

Cuando hablo de educación siempre comienzo recordando a los adultos que nosotros somos un modelo a imitar y que nuestra actuación enseña más que mil palabras. Así mismo les recuerdo la responsabilidad que tienen los padres en educar a sus hijos en todo momento no solo en momentos concretos y de ahí radica la importancia de nuestro comportamiento en cualquier circunstancia.

Una vez dicho esto, vamos a centrar nuestra atención en una de las actividades más atractivas para un niño como es el DEPORTE.

El deporte no solo perfecciona aspectos físicos como es el fortalecimiento corporal, el equilibrio y la agilidad, la coordinación de los movimientos… aspectos fundamentales para el desarrollo físico y la prevención de futuras enfermedades como es la obesidad sino que desarrolla otros muchos aspectos tan importantes como el físico, como son las habilidades sociales (amistad, respeto, empatía, cooperación), emotivas (control de impulsos, tolerancia a la frustración, dominio de si mismo, desarrollo de sentimientos positivos hacia los demás), intelectuales (toma de decisiones, organización mental del juego y estrategias, solución de problemas).

El niño que practica un deporte tiene la oportunidad de aprender a respetar y valorar a los demás, desarrollando la empatía que permite ponerse en el lugar del otro, ser honesto consigo mismo, admitiendo sus propias aptitudes y limitaciones y aplaudiendo los éxitos de los demás. Aprende a tolerar la frustración cuando no es elegido para jugar, cuando no le ha salido la jugada, cuando el otro es mejor que él y acepta que unas veces se gana y otras se pierde. Aprende a cooperar y alegrarse por el triunfo del equipo, no solo por propia vanidad, a ser generoso, esforzándose por conseguir el triunfo propio y el de sus compañeros, a no ganar haciendo juego sucio, pues esto puede alegrar en el momento, pero no da satisfacción ya que no se ha ganado con limpieza, respetando las reglas. El deporte enseña a respetar las decisiones del entrenador y del árbitro como figuras de autoridad, a dominar sus impulsos negativos como la rabia, la ira o el sentimiento de fracaso.

Además, es una actividad donde se fomentan las relaciones sociales, estableciendo unas amistades duraderas ya que les une una afición común, es divertida y da grandes satisfacciones.

Seguiríamos enumerando la larga la lista de efectos beneficiosos que aporta la práctica de un deporte pero no es necesario, lo que sí quiero dejar claro es que es una actividad FUNDAMENTAL, tanto a nivel físico como educativo.

Por ello, siempre recrimino a los padres que castigan a sus hijos suprimiéndole el deporte como forma de acicate para conseguir que estudie.

En el apretado programa educativo de nuestros hijos deberían incluir mas horas para el deporte y nos ahorraríamos muchas enfermedades futuras y no tan lejanas, como son la obesidad o la diabetes que tanto preocupan a los pediatras y padres, o la falta de actividad en los jóvenes que holgazanean aburridos en los parques sin saber qué hacer. Es invertir en salud fisica y mental de nuestros niños-jóvenes.

ACTITUD DE LOS PADRES

Nosotros somos un constante referente para nuestros hijos y ¿cómo vamos a educarlos en la honestidad cuando les acuciamos para que pisen al contrincante, abucheamos una buena jugada del equipo contrario o insultamos al árbitro cuando pita una falta?

Los padres tienen que tener en cuenta que:

1º El deporte tiene que ser elegido por el niño VOLUNTARIAMENTE no porque sea nuestro deporte favorito.

2º Los niños practican un deporte para su propia diversión no para la de los padres.

3º No debemos exigirle por encima de sus posibilidades ni ridiculizarlo cuando le sale mal una jugada o compararlo con sus compañeros.

4º Hay que mostrar siempre, por mucho que nos cueste, una actitud deportiva, aplaudiendo el buen juego, tanto del equipo propio como del contrario.

5º Hay que inducirle a respetar el reglamento aunque los demás no lo hagan.

6º Respetar la decisión del entrenador (tanto si te sacan a jugar como si te dejan en el banquillo) del árbitro o de la institución.

7º Hay que inculcar que el esfuerzo es tan importante como la victoria y aceptar de buen grado que lo importante es participar.

8º Hay que enseñar a encajar los fracasos y relativizar el resultado sin perder de vista que el deporte es un mero juego y que lo verdaderamente importante es la amistad y el compañerismo.

9º Deberíamos enseñarle que se puede competir y saborear el triunfo cuando se ha ganado de manera honesta, las trampas y el juego sucio nunca dan satisfacción. Hay que ganar con el esfuerzo pero nunca en menoscabo del otro, pavoneándoos de nuestro éxito ante los demás, infravalorando a los compañeros.

10º Cuando seamos espectadores de cualquier deporte, esté o no jugando nuestro hijo, debemos medir nuestro lenguaje, gestos y actuaciones pues debemos recordar que también en estos momentos estamos educando.

por Pelancha Gómez Olazabal
Directora de la Escuela Infantil Jauja

Los Primeros Contactos Sociales entre los Niños – La Sociabilidad en la Escuela Infantil

Por admin, 9 Mayo, 2011, Sin comentarios

Actualmente, con la incorporación de los niños/as a la escuela infantil, se ha propiciado un acercamiento entre estos a una edad mucho más temprana que hace unos años, cuando los niños empezaban su contacto hacia los 4 años.

Al comienzo de su incorporación a la escuela, los niños/as no tienen contacto unos con otros y su interés está centrado en la relación con su maestra que hace la función de madre. Los contactos entre ellos son mínimos y es la maestra la que los reúne a su alrededor y se esfuerza para que vayan aproximándose.

Pero lo que realmente les hace consciente de la existencia del otro son los conflictos que se originan entre ellos y son estos los que le van sacar de su aislamiento y le conducirán al acercamiento entre ellos. Al principio, trata al compañero como un mero objeto que puede manejar a su antojo pero, ante las protestas de éste y las colisiones entre las actividades de los diferentes niños, fuerzan a tener conciencia de la personalidad de los demás, a contar con sus intereses, sus deseos, su voluntad.

Los conflictos abren camino al acercamiento y van ayudando al niño a aprender a compartir, primero el cariño y la atención de la educadora, para pasar a compartir, con muchos conflictos, los objetos y el espacio.

Para los padres es difícil entender el proceder de los niños y culpan a la maestra de atender poco a los niños cuando pegan o muerden a su hijo; no entienden que en este acercamiento, lo que importa es la relación que se establece entre los niños a través de la posesión de los objetos. Por eso se entiende que un niño desee el objeto que tiene otro niño y lo persigue hasta apoderárselo y, en cuanto lo obtiene, lo abandona para ir en busca de otros objetos tenidos por otros niños.

Los niños aprenden enseguida el efecto que produce un tirón de pelos o un mordisco pues el agredido suelta inmediatamente el objeto o se pone a gritar desconsoladamente. Es como cuando oprimen un botón de un juego, que se enciende automáticamente. Es comprobar causa-efecto y el niño no comprende que el otro niño no es un objeto sino que es una persona a la que le ha hecho daño.

A esto hay que añadir que están atravesando por una etapa evolutiva a nivel emocional muy conflictiva, están construyendo su propia identidad, a reafirmarse y las palabras preferidas son el “mío”, el “yo” y el “no”, es la autoafirmación a través del negativismo y los adultos les exigimos un comportamiento social donde no existan los conflictos ni las agresiones.

Durante los primeros años el amor de los padres es tan necesario que el reparto es intolerable, es la ley del todo o nada y esto explica que la presencia de otro niño sea sentida como una amenaza. De ahí los sentimientos agresivos (celos) hacia los hermanos menores que todo niño sufre y al que hay que ayudar para que los vaya canalizando de manera positiva.

Poco a poco descubrirán el placer de estar o hacer algo juntos y la hostilidad se convertirá en simpatía por el otro.

En estos primeros acercamientos es primordial la intervención de la educadora, padres y adultos que sean responsables de su educación, para que vaya modulando su conducta a un comportamiento más social.

Cuando ya es capaz de comprender que el otro no es un objeto y que tiene sentimientos, deseos e intenciones, es el momento de enseñar el VALOR DE SABER DISCULPARSE. Es enseñarle a ser responsable de sus acciones y que puede corregirlas y pedir perdón cuando ha dañado al compañero.

Pedir perdón es tener en cuenta los sentimientos de los demás e intentar aliviar su pena. Ya hemos dicho en muchas ocasiones que hasta la edad de 7 años no pueden sentir empatía por el otro (ponerse en el lugar del otro), pero sí se pueden dar cuenta que su acción no ha sido correcta y que ha agredido al otro. Es ser consciente de su error y que existe la posibilidad de la reparación.

Este es un sentimiento que el niño tiene que aprender y no vale el decir ”perdón” porque me lo indican los adultos y seguir actuando de la misma manera. Es un sentimiento de arrepentimiento que el niño debe sentir en su interior. La intervención del adulto es fundamental para que el niño pueda corregir su comportamiento indebido. Se le hace ver lo que no es correcto sin hacer un juicio de valor a su persona, se detiene la actividad y, a continuación, se procede a una acción reparadora (se devuelve el juguete arrebatado, se hace una caricia al niño al que le has hecho daño, se le presta un juguete propio…) No hace falta decir la palabra “perdón”, basta con el gesto de arrepentimiento. Y esto se repite tantas veces como surja un conflicto.

El objetivo primordial en la escuela infantil es SABER COMPARTIR pues es la manera en que los niños se socializan, es decir, aprenden a convivir con el otro, a integrarse en el grupo social del que forman parte y esto solo lo pueden aprender en la relación con sus iguales, primero a través de la rivalidad para llegar a una auténtica cooperación y amistad. La relación con el grupo les enseña a medir sus propias fuerzas, sus cualidades personales, a tener una imagen propia más real pues la respuesta de los demás le hacen ver su forma de ser y relacionarse, a poner en práctica los valores que los padres y educadores le transmiten.

Hay muchos niños que les cuesta reconocer un error, que tienen una autoestima muy alta propiciada por unos padres que le han hecho creerse superior a los demás, (es el rey de la casa) o porque no admiten los errores porque sus padres les han puesto el listón muy alto y temen defraudarlos. Hay padres que no permiten un fallo a su hijo y exigen un comportamiento correcto en todas las facetas. A este niño le crean muchos sentimientos de culpa pues él tiene sentimientos agresivos, de ira, de enfado que no puede expresar de ninguna manera. Lo que hay que hacer es hacerle ver que se pueden tener sentimientos negativos pero que hay otras maneras de canalizarlos sin tener que usar la agresión física.

Muchas veces el niño cree que tener sentimientos de enfado es lo que está mal hecho no su proceder (dar patadas, romper un juguete, insultar) Hay que aclararles que lo que hay que corregir es su descarga no el sentimiento. Se puede enfadar pero hay que enseñarle que tiene que dominar sus impulsos, utilizando otras vías para expresar el sentimiento.

Tenemos que enseñarle a aceptar las equivocaciones, está aprendiendo a comportarse, no es un adulto desobediente, es un niño que todo lo tiene que aprender a base de cometer errores. Muchas veces les cuesta asumir que se equivocan por las consecuencias que esto acarrea (castigo, reprimenda) y otras porque les da vergüenza reconocerlo. Esta situación es muy perjudicial para sí mismo pues le produce un sentimiento de culpa que le hará sufrir y sentir rencor y resentimiento cuando se podría haber resuelto fácilmente habiendo pedido disculpas a tiempo. Es importante saber que es necesario el propio perdón para sentirse bien consigo mismo.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

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