Mi Niño Dice Palabrotas

Por admin, 14 Abril, 2012, Sin comentarios

Hacia los tres años, el niño tiene un manejo del lenguaje amplio y le encanta utilizarlo para expresar sus pensamientos, sentimientos, experiencias.

Los niños a esta edad no paran de hablar durante todo el día y se muestran orgullosos de su logro. Anteriormente, solo se podían expresar con frases de dos-tres palabras y su pronunciación era muy incorrecta, tanto que, en muchas ocasiones, solo los adultos con los que tenían un contacto muy cercano, eran capaces de entender lo que querían decir.

La adquisición del lenguaje es un gran logro y, gracias a él, una nueva etapa le brindará grandes satisfacciones tanto a nivel intelectual (ampliando sus conocimientos y estructuración del pensamiento), como a nivel social al poder interactuar con sus iguales y adultos.

El lenguaje le servirá tanto para comunicarse con sus compañeros y adultos con los que tiene una relación como arma arrojadiza para expresar sus sentimientos negativos.

Un niño de esta edad no puede racionalizar sus sentimientos que oscilan entre el amor-odio en décimas de segundos. Por eso, cada vez que a un niño le decimos un “NO” ante un deseo, surge en él un sentimiento de ira, de rebelión que expresa con el lenguaje con frases como: ”ya no te quiero”, “eres mala”, “te voy a matar”… y lindezas como estas. La actitud de los padres y adultos debe ser, como siempre decimos, de indiferencia por mucho que lo sintamos. Todavía no sabe el significado de estas palabras y el daño que pueden causar.

Por mucho que el niño se enrabiete ante nuestra negativa a un deseo, por mucho que se descontrole dando patadas y llorando desconsoladamente, por mucho que nos insulte… nuestra actitud debe ser mesurada, impasible y paciente hasta que él recobre la tranquilidad que se requiere. En ese momento, se puede comentar con él, las razones por las que se ha puesto así y se le puede explicar que ese es un procedimiento inútil para conseguir lo que desea. En pleno berrinche no escucha los razonamientos, no puede parar porque su descontrol motriz va por delante de su pensamiento. Él sabe que así no va a conseguir nada, pero no puede parar.

Frecuentemente los padres acuden a la escuela infantil horrorizados y acusando al centro de ser los culpables del aprendizaje de estas exageradas reacciones, acompañadas de un vocabulario muy poco apropiado de estas edades y, aunque nosotros tratamos de explicarles las razones de este anómalo comportamiento (que, por otro lado, es “normal” pues es algo evolutivo que la mayoría de los niños tienen) no escuchan y piensan que es un aprendizaje que debemos corregir en el centro.

Es el momento en que surgen LAS PRIMERAS PALABROTAS que los adultos escuchamos con preocupación. Estas palabrotas las aprenden por imitación. Los niños las han escuchado de los padres, familiares, compañeros de juego, dibujos animados o programas de televisión. Aunque creamos que no están atentos a lo que escuchan por televisión o conversaciones entre los adultos pues los vemos entretenidos jugando en otro sitio, ellos siempre tienen las antenas puestas y son esponjas que todo lo captan. Nadie está libre de haber soltado una “palabrota” cuando nos vemos ante un imprevisto, disgusto o discusión, aunque sea de poca importancia.

Por ejemplo, cuando estamos inmersos en el trafico agresivo en el que solemos conducir nuestro coche. ¿Quién no ha dicho una palabrota ante una conducción temeraria? Pensamos que los niños no están atentos a nuestras reacciones y estamos muy equivocados.

Los niños-jóvenes, para sentirse muy mayores, utilizan un lenguaje con un número muy reducido de vocabulario, adornado con un sinfín de palabrotas y esto también lo escuchan nuestros pequeños.

A esta edad y hasta los seis, siete años, los niños no conocen el significado de estas palabrotas, por muy fuertes que resulten a los adultos. Los niños sí ven la reacción que tienen en el adulto y que esto provoca una atención que es lo que quieren obtener. En estas edades, utilizan todos los recursos inimaginables para llamar la atención y, si ven que las palabrotas la obtienen, las utilizarán frecuentemente.

La actitud de los padres por mucho que cueste mantenerla debe ser de impasibilidad y explicarles, con calma, que esas palabrotas no se dicen porque no son bonitas y pueden ofender y son de mal gusto.

Cuanto más constatan que estas palabras alteran a los padres, más las usarán. Saben que no falla, llaman la atención y provocan reacciones en los adultos: se sorprenden, les castigan, les regañan o se ríen. Hay que enseñarles a que, el decir palabrotas, no es la forma adecuada de llamar la atención.

Hay padres que exigen a la escuela que el niño que dice palabrotas y que rápidamente los demás imitan, se le castigue y aleje de sus compañeros pero esta reacción consigue lo contrario de lo que queremos conseguir. Los niños las utilizarán para herir al adulto, para producir irascibilidad y enfado ante ellos cuando no consigue lo que quiere. Es una agresión verbal que produce consecuencias.

Los psicólogos aconsejan que hagamos oídos sordos ante las palabrotas, que hagamos como si no oyéramos y que en poco tiempo, el niño las dejará de utilizar pues no obtiene lo que quiere conseguir: Atención. Quitamos todo el valor que pueden tener pues ya no valen para llamar la atención. Hay que mostrarnos impasibles y esto es difícil de conseguir, sobre todo porque estamos rodeados de gente que no entenderá nuestra reacción. Se le recordará, con tranquilidad, que estas palabras no se pueden utilizar porque molestan a los demás y que no va a conseguir lo que quiere, utilizándolas. Cuando los niños ven que estas palabrotas no tienen el efecto que quiere conseguir, dejan de decirlas.

Hay muchos niños que hacia los tres años utilizan las palabras para agredir a su compañero: las palabras más usadas son: “tonto”, “no eres mi amigo”, “no te invito a mi cumpleaños”, pero esto no lo utilizan para herir, sino para conseguir lo que tiene el otro. Son recursos que va abandonando cuando se da cuenta que no tienen resultado.

No me canso de recordar que los adultos somos los ejemplos a seguir y que nuestras acciones y actitudes son lo que los niños van a imitar, cayendo en saco roto nuestras palabras si se contradicen con nuestra actuación. Debemos cuidar mucho nuestro vocabulario y expresiones si queremos que nuestros hijos tengan un lenguaje correcto y respetuoso hacia los demás.

Pelancha Gómez Olazabal
Escuela Infantil Jauja

El Deporte, Actividad Fundamental en la Vida de un Niño

Por admin, 3 Noviembre, 2011, Sin comentarios

Cuando hablo de educación siempre comienzo recordando a los adultos que nosotros somos un modelo a imitar y que nuestra actuación enseña más que mil palabras. Así mismo les recuerdo la responsabilidad que tienen los padres en educar a sus hijos en todo momento no solo en momentos concretos y de ahí radica la importancia de nuestro comportamiento en cualquier circunstancia.

Una vez dicho esto, vamos a centrar nuestra atención en una de las actividades más atractivas para un niño como es el DEPORTE.

El deporte no solo perfecciona aspectos físicos como es el fortalecimiento corporal, el equilibrio y la agilidad, la coordinación de los movimientos… aspectos fundamentales para el desarrollo físico y la prevención de futuras enfermedades como es la obesidad sino que desarrolla otros muchos aspectos tan importantes como el físico, como son las habilidades sociales (amistad, respeto, empatía, cooperación), emotivas (control de impulsos, tolerancia a la frustración, dominio de si mismo, desarrollo de sentimientos positivos hacia los demás), intelectuales (toma de decisiones, organización mental del juego y estrategias, solución de problemas).

El niño que practica un deporte tiene la oportunidad de aprender a respetar y valorar a los demás, desarrollando la empatía que permite ponerse en el lugar del otro, ser honesto consigo mismo, admitiendo sus propias aptitudes y limitaciones y aplaudiendo los éxitos de los demás. Aprende a tolerar la frustración cuando no es elegido para jugar, cuando no le ha salido la jugada, cuando el otro es mejor que él y acepta que unas veces se gana y otras se pierde. Aprende a cooperar y alegrarse por el triunfo del equipo, no solo por propia vanidad, a ser generoso, esforzándose por conseguir el triunfo propio y el de sus compañeros, a no ganar haciendo juego sucio, pues esto puede alegrar en el momento, pero no da satisfacción ya que no se ha ganado con limpieza, respetando las reglas. El deporte enseña a respetar las decisiones del entrenador y del árbitro como figuras de autoridad, a dominar sus impulsos negativos como la rabia, la ira o el sentimiento de fracaso.

Además, es una actividad donde se fomentan las relaciones sociales, estableciendo unas amistades duraderas ya que les une una afición común, es divertida y da grandes satisfacciones.

Seguiríamos enumerando la larga la lista de efectos beneficiosos que aporta la práctica de un deporte pero no es necesario, lo que sí quiero dejar claro es que es una actividad FUNDAMENTAL, tanto a nivel físico como educativo.

Por ello, siempre recrimino a los padres que castigan a sus hijos suprimiéndole el deporte como forma de acicate para conseguir que estudie.

En el apretado programa educativo de nuestros hijos deberían incluir mas horas para el deporte y nos ahorraríamos muchas enfermedades futuras y no tan lejanas, como son la obesidad o la diabetes que tanto preocupan a los pediatras y padres, o la falta de actividad en los jóvenes que holgazanean aburridos en los parques sin saber qué hacer. Es invertir en salud fisica y mental de nuestros niños-jóvenes.

ACTITUD DE LOS PADRES

Nosotros somos un constante referente para nuestros hijos y ¿cómo vamos a educarlos en la honestidad cuando les acuciamos para que pisen al contrincante, abucheamos una buena jugada del equipo contrario o insultamos al árbitro cuando pita una falta?

Los padres tienen que tener en cuenta que:

1º El deporte tiene que ser elegido por el niño VOLUNTARIAMENTE no porque sea nuestro deporte favorito.

2º Los niños practican un deporte para su propia diversión no para la de los padres.

3º No debemos exigirle por encima de sus posibilidades ni ridiculizarlo cuando le sale mal una jugada o compararlo con sus compañeros.

4º Hay que mostrar siempre, por mucho que nos cueste, una actitud deportiva, aplaudiendo el buen juego, tanto del equipo propio como del contrario.

5º Hay que inducirle a respetar el reglamento aunque los demás no lo hagan.

6º Respetar la decisión del entrenador (tanto si te sacan a jugar como si te dejan en el banquillo) del árbitro o de la institución.

7º Hay que inculcar que el esfuerzo es tan importante como la victoria y aceptar de buen grado que lo importante es participar.

8º Hay que enseñar a encajar los fracasos y relativizar el resultado sin perder de vista que el deporte es un mero juego y que lo verdaderamente importante es la amistad y el compañerismo.

9º Deberíamos enseñarle que se puede competir y saborear el triunfo cuando se ha ganado de manera honesta, las trampas y el juego sucio nunca dan satisfacción. Hay que ganar con el esfuerzo pero nunca en menoscabo del otro, pavoneándoos de nuestro éxito ante los demás, infravalorando a los compañeros.

10º Cuando seamos espectadores de cualquier deporte, esté o no jugando nuestro hijo, debemos medir nuestro lenguaje, gestos y actuaciones pues debemos recordar que también en estos momentos estamos educando.

por Pelancha Gómez Olazabal
Directora de la Escuela Infantil Jauja

El Respeto a los Demás, Valor Básico en la Educación

Por admin, 18 Marzo, 2011, Sin comentarios

Desde que el niño es pequeño, debemos enseñarle el valor del respeto, de tener en cuenta al otro, saber relacionarse amablemente y con afecto.

Le iremos enseñando el valor de la amistad pues tener amigos es bueno, es gratificante y aportará mucha riqueza a su persona, le iremos enseñando a tratar a los demás con cortesía y educación, a expresar sus sentimientos positivos, a hacer cumplidos y saber recibir halagos…pues, si tiene en cuenta a los demás, tendrá muchas posibilidades de ser feliz y tener éxito en su vida.

Esto no se consigue de un día para otro, es un largo proceso de FORMACIÓN DE HABILIDADES SOCIALES que el niño irá desarrollando poco a poco, primero en la familia para luego extrapolarlo a la escuela, con los adultos y sus iguales. La relación con el otro, le irá dando una imagen más real de si mismo, irá dándose cuenta de sus habilidades, que se esforzará en desarrollarlas al máximo y también de sus limitaciones que irá limando poco a poco.

Debemos enseñarle a utilizar las FORMAS BÁSICAS DE CORTESÍA, ya antes de cumplir el año, empiezan a decir “adios” con su manita y su gran sonrisa y, cuando empiezan a hablar, dicen “hola” a todo lo que encuentran a su paso. A partir de los dos años empezaremos a enseñarle con nuestra actitud, a dar las “gracias” y a pedir las cosas ”por favor”, así como intentaremos que se disculpe con el “perdón” cuando ha molestado o agredido a alguien.

Otra forma básica es saludar por la mañana con un “buenos días “ y despedirnos con “buenas noches” cuando se vaya a dormir. Irá aprendiendo a compartir sus juguetes e iniciativas, a amoldarse y ceder en el juego de los demás, pues la relación con sus iguales le aportará muchos beneficios.

Es muy importante dirigirnos a ellos con cortesía, sin gritarles, escuchando sus argumentos y sentimientos, implantando unos limites pero sin perder los papeles, dominando nuestros impulsos, siendo perseverantes y practicando la paciencia, la tolerancia y la amabilidad. Si quieres que tu hijo trate con amabilidad a los demás, tendrás que empezar a hacerlo tú con él. Nosotros, padres y educadores, somos el ejemplo a seguir y ellos aprenderán más con nuestras actitudes que con todos los discursos que les podamos dar. Nosotros somos responsables de su educación siempre, no hay momentos destinados a su educación.

Debemos aprovechar todas las oportunidades cotidianas para que aprenda a ser respetuoso.

Saludando a las personas con las que nos cruzamos, dando las gracias cuando nos ceden el paso, levantándonos de asiento de autobús cuando vemos a una persona mayor, ayudando a subir unas escaleras a un cochecito de niño…siempre con una sonrisa y actitud amable. Esto produce en el otro un reconocimiento inmediato hacia nuestra persona que nos hace sentirnos bien con nosotros mismos.

Debemos enseñar a nuestro hijo el saber expresar los sentimientos afectivos que tienen hacia los demás, Los cumplidos y halagos son siempre bien recibidos y devueltos con afecto hacia el que los da.

Debemos enseñar a nuestro hijo a ser considerado con el otro, saber decir cosas agradables, valorar y expresar lo que nos gusta del otro, ser generoso en nuestros juicios, alentar con las palabras, ayudar en lo que podamos…iremos así transmitiendo una actitud generosa y solidaria con el otro y esa actitud a su vez, le proporcionará una imagen positiva de él, sintiéndose buena persona y enriquecida con la amistad.

Los padres deben esforzarse por enseñar a sus hijos como comportarse con educación, porque es absolutamente necesario para que puedan desenvolverse con éxito en sociedad.

No solo es necesario emplear buenos modales cuando hay visitas, se deben emplear en todos los momentos del día para que se cree un hábito, un comportamiento incorporado a su forma de actuar y relacionarse. Saber comportarse adecuadamente en la mesa, respetar cuando dos adultos están hablando y el niño quiere ser atendido, dirigirse con respeto hacia los adultos, saber utilizar los espacios comunes, respetar el mobiliario urbano, tener una educación cívica, ceder e paso a una persona mayor, no poner los pies encima de la tapicería de un asiento de autobús, esperar su turno, dar las gracias cuando le atiende una persona…y un sin fin de ejemplos que todos sabemos.

Hemos pasado de hablar coloquialmente con el profesor o con un adulto, tuteándoles, a una falta de respeto total y llegar a insultar o agredirle sin ninguna consecuencia grave. Esta falta de respeto se ha engendrado en el seno de la familia al permitírselo con sus propios padres.

El aprender a relacionarse con los demás requiere mucho tiempo y de nuestro ejemplo. Si nosotros lo tratamos con consideración, él lo irá haciendo con los demás.

Pelancha Gómez Olazábal
Directora de la escuela infantil Jauja

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